Las vacaciones sirven para salir de nuestra zona de confort. Embárcate en una actividad para la que crees no tener facilidad. Puede que te sorprendas. Y cada vez que abrimos un nuevo grifo de creatividad, tenemos mejores ideas en el resto de las áreas de nuestra vida

La pasada primavera, el mundo entero siguió el regreso de la especie humana a la Luna, 54 años después de la última misión Apollo. Para el tema de este artículo, recordemos las palabras de J. F. Kennedy siete años antes de que el ser humano pisara nuestro satélite por primera vez: “Elegimos ir a la Luna en esta década y hacer otras cosas no porque sean fáciles, sino porque son difíciles (…) para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades, porque estamos dispuestos a aceptar ese desafío”.

​Este razonamiento podemos llevarlo a las pequeñas misiones veraniegas. Nuestra tendencia natural, como seres humanos, es enfocarnos en aquello que se nos da bien, quedarnos en nuestra zona de confort. Sin embargo, es mucho más divertido y excitante hacer aquello que nos parece difícil, porque allí está nuestro crecimiento.

Todos tenemos ámbitos o disciplinas para las que creemos no estar dotados y asumimos el límite, muchas veces, sin haberlo contrastado suficiente con la práctica. En ese sentido, el verano puede ser un excelente campo de pruebas para derribar esas falsas creencias, además de un experimento muy interesante sobre las capacidades ocultas de cada cual.