Alimentados por recuerdos de la juventud y una buena dosis de imaginación, emprendemos el viaje hacia el ansiado destino dorado.24 de agosto, 2026 - 09h20Las vacaciones veraniegas nos permiten adentrarnos en rincones idílicos donde se funden el mar y la montaña. Allá nos presentamos en familia –al completo, en la mayoría de los casos– dispuestos a desconectar de la rutina del resto del año. Alimentados por recuerdos de la juventud y una buena dosis de imaginación, emprendemos el viaje hacia el ansiado destino dorado.Sin embargo, una vez instalados en esos cincuenta o sesenta metros cuadrados –da igual que sea en propiedad o en alquiler–, comienzan los fallos de logística, las batallas de egos y las servidumbres de la convivencia masiva en una localidad cuyo padrón se ha multiplicado por diez o por veinte.PublicidadComo es lógico, la zona de confort salta por los aires: aparcamientos imposibles, colas kilométricas en el supermercado, inoportunas huelgas de limpieza y el típico insensato apurando el acelerador en zonas limitadas a treinta kilómetros por hora. Si a todo este coctel le sumamos temperaturas que superan holgadamente los treinta grados –aliviadas a duras penas por sistemas de aire acondicionado o ventiladores de medio pelo–, llega el momento de hacer la cuenta inversa a los grandes planes vacacionales: empezar a contar, sin duda alguna, los días que nos quedan para volver a la ansiada rutina. (O)Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte, Albacete, EspañaPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?
El espejismo del destino dorado
Alimentados por recuerdos de la juventud y una buena dosis de imaginación, emprendemos el viaje hacia el ansiado destino dorado.







