La extrema derecha ha subido los decibelios contra Pedro Sánchez y el gobierno de coalición. Se han multiplicado las metáforas belicistas que hablan de una “invasión” y de un “acto de guerra” y que se acompañan de insultos absolutamente ajenos a la mínima decencia. Abascal ha llegado a afirmar que el presidente del gobierno además de traidor y responsable de esta situación es también… la peste. Es obvio que Vox lee la situación de Ceuta como una oportunidad para infligir un daño político al gobierno que ellos quieren rentabilizar electoralmente. No les importa la vida que tantos han perdido por el camino, o las condiciones en las que se encuentran los inmigrantes en estos momentos (en Ceuta y más allá). Su único objetivo es asentar en el imaginario público la idea de que España está siendo invadida por fuerzas extrañas y con la complicidad, cuando no colaboración, de las izquierdas.

Probablemente les funciona, sobre todo en su intento de radicalizar y captar a parte del electorado del PP. Que mantengan durante semanas esta estrategia basada en mentiras e intoxicaciones revela que creen rentable convertir una tragedia humanitaria en una crisis identitaria. Lo de menos (para ellos) es que el proceso tenga también como efecto una sociedad más crispada, engañada y polarizada.