Se ha escrito, rodado y cantado mucho sobre los amores de verano. Da igual si en tu infancia escuchaste mucho al Dúo Dinámico, viste Grease o, simplemente, te encontraste con la pura realidad sin romantizarla artísticamente. El romance veraniego lo tiene todo el mundo idealizado y más que contado. De lo que no se habla tanto (y traumatiza a mucha más gente) es de la desaparición de las amistades de verano cuando llega septiembre. Todo el mundo vuelve a su rutina y a su vida oficial, que a veces sucede en un espacio-tiempo cercano y otras hay una gran distancia física de por medio, y dejas de verte con la persona que ha sido tu media mitad durante las intensas semanas sin obligaciones ni horarios. Esto lo vivimos en el siglo pasado, lo vivimos ahora y lo vivirán nuestros tataranietos cuando sus vacaciones sean en una colonia espacial en Marte y su colega vuelva a su planeta. De hecho, ahora que lo pienso, E.T. podría ser la gran película metafórica de las amistades vacacionales.Lo genial de las amistades de verano es que permiten un reset completo de la vida cotidiana, una larga noche de Halloween donde tu disfraz será aceptado por los demás. Porque sin el ancla de los compañeros de clase que le conocen de varios cursos, tu hijo puede ser quien quiera. Puede enseñar su boletín de notas o inventárselas, puede decir que tiene un gran grupo de amigos del tipo que quiera, puede contar las anécdotas más inverosímiles… y los amigos de verano lo aceptarán tal cual, seguramente porque ellos hacen lo mismo. O quizá porque no los conoce de nada y quizá no los vuelva a ver, podrá ser mucho más auténtico y sincero con ellos. Durante unas semanas, el verano mezcla a críos muy dispares y la única criba son unos requisitos muy básicos: solo importan las ganas de jugar y una personalidad más o menos interesante. Pero tarde o temprano, llegan las agendas y la vuelta al cole después de ese casero que te ha mirado con mala cara y quiere que hagas el check out porque en nada llegan los nuevos que ocuparán vuestro lugar, porque ellos también merecen “su verano”. Y entonces todos soltamos la frase con mayor o menor convicción: “Nos vemos el año que viene”. Esa es la promesa infantil que tarde o temprano se romperá. Con correo electrónico y redes sociales, nuestros hijos lo tendrán infinitamente más fácil para seguir en contacto durante el año o para stalkear a los otros cuando les entre la melancolía y se pregunten qué estarán haciendo sus amigos veraniegos. ¿Qué podemos hacer los padres para intentar que esta amistad perviva durante el año o al menos conservarla en formol para que no se estropee, por si de verdad “nos vemos el año que viene”?Nuestro primer impulso seguramente será el de facilitar tecnológicamente que se mantenga el contacto. Es fácil dejarles nuestro móvil para que los niños se manden audios o mantengan videollamadas para seguir en contacto. Pero claro, pronto veremos que no es lo mismo dejar que los críos campen libres por la playa, el pueblo, la urbanización o el camping y vivan juntos sus aventurillas en grupo a sus anchas que forzarles a mandar un audio cuando tú te acuerdas o te viene bien. Además, si el audio o el vídeo lo hacen con desgana o no se entiende bien, muchas veces les hacemos repetir la toma como actores profesionales hasta que se nota un gran entusiasmo amistoso… que normalmente tampoco es correspondido por los otros, que a miles de kilómetros tienen la misma pereza. Eso si contestan más o menos en tiempo real, porque igual el padre o la madre no ve el mensaje al momento, lo abre cuando los niños duermen, no dice nada y se olvida de comentarlo y quizá, si contesta, contestará al cabo de unos días…Otra opción es que, si hay buena sintonía entre los adultos, los padres os organicéis para montar alguna quedada al trimestre. Es mucho más fácil si vivís en la misma ciudad o provincia, pero quizá una excursión de todo el día o un fin de semana de casa rural a medio camino de las dos familias y en temporada baja puede resultar asumible. Aunque puede darse el caso de que, lejos del entorno vacacional y con los deberes de temporada, esté todo el mundo más estresado y menos comunicativo.En cualquier caso, lo que sabemos todos es que los niños, cuando quieren algo de verdad, son insistentes hasta la pesadez. Por lo tanto, igual es mejor no forzar nosotros y pasarles toda la responsabilidad a los peques. Si ellos quieren mantener la amistad, que se mojen. La amistad para el que la trabaja, sería el lema. Pero sí podemos darles ideas, apostando por métodos tradicionales que dan mucha alegría… o todavía más pereza. Una carta o postal de toda la vida, con dibujos hechos a mano y unas cuantas líneas personalizadas, supondrá una auténtica sorpresa para alguien que quizá por edad no ha recibido un sobre con su nombre en su vida. Si el otro corresponde o no, si esto inicia una amistad offline o si la operación se cierra con un par de cartitas rápidas y desganadas enviadas con meses de distancia solo el tiempo lo dirá, pero al menos te dejarán tranquilo a ti y a tu teléfono. En todo caso, si las familias os reencontráis el próximo verano, quizá la amistad se reactive como si no hubiera pasado nada. Y si no… aplaudamos la fugacidad y la intensidad de estas amistades estacionales y cuidemos también de los amigos de otoño, invierno y primavera, que ya bastante cuesta cuadrar agendas para verlos.