Labores de búsqueda y rescates en medio de la remoción de escombros en el centro de Pereira.Foto: Mauricio Alvarado LozadaResume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Sobre los siete pisos en ruinas del Hotel Dibeni, el director de operaciones del equipo de búsqueda y rescate de los Bomberos de Pereira toma su megáfono para dar una instrucción. Decenas de rescatistas que están agrupados a pocos metros del edificio colapsado en el centro de la capital de Risaralda dirigen su mirada hacia la parte superior de una pila de más de tres metros de escombros para prestar atención. “Aliméntense e hidrátense, por favor”, les dice Jhon Taborda, quien está a cargo de la operación. Pocos minutos antes, una de las integrantes del equipo de bomberos se descompensó. Un grupo de paramédicos le tomó la tensión, puso hielo en su cabeza y le dio suero de rehidratación.(Puede leer: ¿Por qué las 72 horas después de un terremoto son cruciales para hallar sobrevivientes?)Es el cuarto día tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el 10 de agosto. A pesar de que ya pasaron más de 72 horas, el período de mayor probabilidad para encontrar sobrevivientes en los escombros, la búsqueda no se detiene. Bajo los 28 °C del mediodía en la ciudad, Taborda organiza a grupos de diferentes organismos de rescate, entre ellos Bomberos de Bogotá, Policía de Rescate, Ejército y decenas de voluntarios.La imagen ya no es la misma de las primeras horas de rescate, cuando cientos de personas se agolparon en los edificios colapsados para remover escombros y buscar vida. Ahora, las zonas de rescate están acordonadas en varias manzanas a la redonda y los rescatistas están divididos en grupos de trabajo de no más de diez personas, para evitar poner mucho peso sobre las estructuras. “Estamos intentando salvar vidas, pero también tenemos que preservar las nuestras”, insiste Taborda desde el megáfono. Tras la instrucción, dos voluntarios empiezan a repartir aguas y sándwiches que han llegado como parte de las donaciones. Mientras tanto, un equipo de los Bomberos de Bogotá se prepara para ingresar por el edificio contiguo al Hotel Dibeni con una cámara de forma tubular de más de un metro de largo. “También tiene incorporado un micrófono para las labores de llamado y escucha”, explica Javier Claros, director de operaciones de ese grupo de rescatistas.A ese edificio, que también sufrió daños graves, pero no colapsó, ingresó más temprano un grupo de ingenieros estructurales para revisar la ruta más segura para acercarse desde allí al hotel. Con parales de madera de alta resistencia ubicados como soportes provisionales en los puntos con riesgo de colapso, diseñan, en pocas horas, un espacio para que bomberos y rescatistas puedan trabajar con seguridad. El objetivo es evitar que alguna de las decenas de réplicas que se han registrado desde el terremoto cause el colapso del segundo edificio.(También puede ver: En Pereira avanzan las labores de socorro: más de 240 personas han sido rescatadas)Con el camino asegurado, los rescatistas de Bogotá ingresan y, desde la parte superior de los escombros de Dibeni, anuncian con megáfono el inicio de una prueba de llamado y escucha. “¡Silencio total!”, solicitan. “Acá arriba somos del equipo de rescate. Si alguien me escucha, grite o haga un ruido”. El llamado, que se repite varias veces, les da algunas señales a los rescatistas, pero ninguna certeza. Entonces, deciden despejar la zona y darles paso a los perros de búsqueda de la Policía de Rescate.El ruido, los restos de comida y otros estímulos pueden distraerlos. Por eso, solo sube con ellos un instructor que lo guía a través de los restos de la estructura. Los perros pasan varios minutos buscando y, aunque no ladraron —la señal de que potencialmente hay sobrevivientes bajo los escombros—, “sí mostraron interés en un punto”, dice uno de los líderes de la operación, “entonces vamos a trabajar ahí”.A una cuadra de allí, en donde está el último filtro del cordón de seguridad de la zona, un grupo de voluntarios está intentando entrar para ayudar a los rescatistas. El Hotel Dibeni estaba en una calle de edificios de entre cuatro y siete pisos, en una calle angosta, con apenas un carril para carros y uno más pequeño para bicicletas. Los escombros del edificio colapsado ocupan toda la calle y dejan un espacio de menos de un metro en el andén de enfrente. El riesgo de colapso de los edificios a su alrededor es alto. Por eso, piden que los voluntarios que ingresen tengan casco, pantalones gruesos y botas.(Puede interesarle: Esta clínica sufrió daños, pero optó por crear una UCI en un colegio para atender heridos)Dos de los seis voluntarios que quieren ingresar tienen pantaloneta corta y ninguno de ellos tiene casco. Isidro, que está removiendo escombros como voluntario desde el lunes, se toma la cabeza lamentándose. Angie y Sebastián, una pareja que también ha estado en diferentes puntos de la ciudad intentando ayudar con los rescates, se miran entre sí. “Tenemos que esperar. Uno solamente quiere ayudar, pero los que saben son ellos”, dice Isidro sobre los equipos de rescate. Un miembro del equipo de bomberos les avisa que les están consiguiendo cascos. Además, un comerciante de una tienda de ropa que estaba recuperando la mercancía de uno de los locales afectados les extiende varios pantalones. “Busquen la talla. Si no está ahí, ya mismo les soluciono”, les dice.Cuando llegan los cascos, les permiten ingresar***En la madrugada del jueves, antes de completar 72 horas tras el terremoto, los equipos de rescate que atendían la búsqueda en el Parque de la Libertad, en donde colapsó el edificio Villa 13, tomaron la decisión de suspender la búsqueda de personas con vida. Allí funcionaban una droguería, una panadería y un inquilinato que alquilaba habitaciones por días a personas del sector. Un censo entre los residentes y comerciantes de edificios cercanos les permitió establecer cuántas personas posiblemente se encontraban allí al momento del colapso. Aunque recuperaron siete cuerpos de personas sin vida, se cree que una de las 270 reportadas como desaparecidas en la ciudad se encuentra en ese lugar.Durante toda la jornada del miércoles, los equipos de rescate, también liderados por los bomberos de Pereira, hicieron pruebas de llamado y escucha, inspecciones con perros de búsqueda y pruebas de sonidos con equipos especializados. Además, cuenta uno de los rescatistas que lideró la operación: “Hicimos una búsqueda final con un equipo de rescatistas que ingresaron por todos los caminos que habíamos abierto al interior de la estructura colapsada. Desafortunadamente, agotamos todas las opciones, pero no encontramos señales de vida”.En una reunión con todos los cuerpos de rescate que hacen parte del Puesto de Mando Unificado de la ciudad, se tomó la decisión: concentrarían los esfuerzos de los equipos de rescate en donde aún hay probabilidades de encontrar personas con vida. En los escombros del edificio Villa 13, sin embargo, permanecen varios miembros del equipo de búsqueda y rescate de Pereira. “Nuestro trabajo no solo es encontrar personas con vida. También estamos aquí para recuperar los cuerpos de las personas que fallecieron”, relata uno de ellos.Con ayuda de una retroexcavadora grande y volquetas, en menos de dos horas retiran más de 30 toneladas de escombros. El trabajo tiene que hacerse con cuidado. El operario de la máquina recibe instrucciones desde tierra por parte de uno de los rescatistas para remover cada capa de escombros de manera ordenada y hacer pausas para inspeccionar la zona en busca de cuerpos. Una de las personas que logró abandonar el edificio antes de que colapsara ha acompañado la búsqueda desde el lunes. Tiene la certeza de que aún queda un cuerpo. “El trabajo todavía no ha terminado. No vamos a parar hasta que sepamos que no hay nadie bajo los escombros”, afirma otro de los rescatistas.***Faltando cinco minutos para las 7:00 p.m. del jueves, un equipo de sonidistas se prepara para entrar a la zona de búsqueda en el Hotel Dibeni. No se conocían antes de la tragedia. Tres de ellos son sonidistas profesionales y otro es aprendiz del SENA, del programa de producción de sonido. “Desde el martes hicimos la propuesta a las coordinadoras y a la subdirectora del SENA para poder usar los equipos para esto. Accedieron y hemos estado mañana, tarde y noche relevándonos con varios aprendices y con otras personas que tienen sus propios equipos, haciendo útiles estas herramientas”, cuenta el estudiante.Esta vez, la prueba de sonido se hará desde tres puntos diferentes: dos desde el interior del edificio contiguo y una desde la parte superior de los escombros. “Utilizamos micrófonos con tecnología Phantom conectados a una grabadora. Son equipos que amplifican mucho las señales”, explica el aprendiz del SENA, lo que les permite captar sonidos de muy baja frecuencia. Por eso, la importancia del silencio durante el momento de la prueba, que toma cuatro minutos, con llamados por parte de un rescatista cada minuto.Al salir del punto de búsqueda, los audios van a un computador que tienen a pocos metros de allí y, mediante un programa, analizan los sonidos que captaron durante la prueba. “Si percibimos algo, no podemos dejarnos llevar por la emoción. Quisiéramos que siempre que se escucha algo fuera vida, pero no es así”, añade uno de los sonidistas. En su reporte, le indican al director de operaciones de los Bomberos de Pereira lo que escucharon y el trabajo continúa.Taborda, director de operaciones del equipo de búsqueda y rescate de los Bomberos de Pereira, vuelve a ordenar la operación. Ahora, necesitan las manos de 15 voluntarios para remover escombros pequeños y tratar de llegar a otra de las capas del edificio en ruinas. Les piden hacer dos filas y les dan las mismas indicaciones de la mañana: guantes, botas, pantalón y casco. Como ya es de noche, también les piden ponerse chalecos reflectores, para que los operarios de la grúa que ayuda a remover los escombros más grandes puedan verlos.Mientras tanto, Claros, el director de operaciones de los Bomberos de Bogotá que ha estado apoyando en la búsqueda, toma un receso de cinco minutos. Aunque ya han pasado más de 80 horas desde el terremoto, “seguiremos con las tareas de búsqueda y localización de posibles víctimas bajo los escombros”, afirma. No hay un día límite para su trabajo.Junto a él, hay otros 47 bomberos que viajaron desde Bogotá a Pereira; hay 60 más en Cali y, durante su receso, se enteró de que una nueva brigada va en camino a Tolima para atender un incendio forestal. Al sismo, que cobró la vida de al menos 287 personas en todo el país, se sumó el jueves otra emergencia. Entre Tolima y Quindío hay 38 incendios forestales activos, según la UNGRD, y hasta el viernes, había 344 municipios en alerta roja, de acuerdo con el IDEAM. Toda esa operación tiene que desplegarse sin perder de vista que deben tener equipos en Bogotá, como medida preventiva en caso de que se presente una emergencia. Una situación similar atraviesan los cuerpos de bomberos de Pereira y Envigado, la Defensa Civil y otros organismos de rescate que han llegado a la capital de Risaralda.(Puede leer: “No es nada del otro mundo”: la explicación de los globos vistos en el cielo en Pereira)En medio de su receso, Claros piensa que convertirse en bombero fue “un bonito accidente. Tenía un trabajo de oficina en el que no me sentía a gusto y entrar a los bomberos fue lo mejor que me ha pasado en la vida”. Ya lleva 25 años en este trabajo y, con muchos desastres que lamentar en el camino, dice que, junto a los demás rescatistas del país, su tarea es “servir a la comunidad”; es “seguir de pie para ayudar”.👩🔬📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre ciencia? Te invitamos a verlas en El Espectador. 🧪🧬Conoce másTemas recomendados:
“No vamos a parar hasta que sepamos que no hay nadie bajo los escombros”
En Pereira, donde aún hay 270 desaparecidos, equipos de rescate que llegaron de otras ciudades no paran de trabajar de día y de noche.











