Actualizado S�bado,

agosto

22:43Dicen llamarse Yassim y Ahmed. Uno es mec�nico y el otro, camarero. Son hermanos, fan�ticos del Bar�a y hace 15 d�as, cuando la frontera de Ceuta se diluy� por unas horas, cruzaron la frontera a nado junto a otras 75.000 almas. Tras aquella peripecia, ahora sorben un granizado en una cafeter�a de Castillejos, la ciudad fronteriza de Marruecos, junto al mercado que estalla de actividad cada s�bado. "Nos quedamos s�lo dos d�as en Ceuta porque aquello era terrible", admiten. "No ten�amos dinero ni comida. Dorm�amos en un parque. As� que nos volvimos a casa".-�Volver�ais a ir a Espa�a?-No lo s�, la verdad -reflexiona Ahmed-. Yo creo que s�, pero con las cosas mejor preparadas.Los j�venes hermanos forman parte de las decenas de miles de marroqu�es que ayer se resistieron a la llamada de la #haraga, el movimiento viral que promov�a una "invasi�n" colectiva de Ceuta para el 15-A. No fue por falta de ganas, insisten, sino por una cuesti�n de c�lculo: tras monitorizar las redes sociales, el r�gimen de Mohamed VI mont� tal dispositivo de seguridad sobre la frontera que este s�bado, precisamente, fue el d�a con menos intentos de magreb�es de cruzar a Espa�a que se recuerda.S� que se produjo el bloqueo a m�s de 200 personas de otro origen, principalmente subsahariano, en su presunto intento de llegar a Ceuta. Estos migrantes llevaban semanas camuflados en el monte, a la espera de un momento adecuado para el asalto, sin que nadie les importunara. Pero justo ayer las tropas marroqu�es decidieron romper la tregua impl�cita que mantienen con estos hombres y les rodearon pertrechados con un ostentoso material antidisturbios. Fue una oportuna manera de obtener im�genes que encarnaran la eficacia del cerrojazo impuesto por Rabat en la frontera.Yassim y Ahmed tambi�n forman parte de la vacuna que el asalto a Ceuta de finales de julio ha supuesto para la juventud magreb�. Decenas de miles de chavales han comprobado en primera persona que la vida en Espa�a no es el para�so que pintan las redes sociales. No s�lo eso: estos d�as tambi�n han contado sus desventuras a sus amigos, esos para quienes la camiseta blanca de Lamine Yamal con el 19 de la selecci�n espa�ola es la prenda m�s codiciada del verano."Ha sido una forma de inmunizaci�n", afirma Luis Mayand�a, jefe de la Unidad Central de Redes de Inmigraci�n Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF) de la Polic�a Nacional hasta su jubilaci�n el pasado mes de mayo. "Te aseguro que la inmensa mayor�a de los que han vuelto de Ceuta no van a volver a intentar llegar a Espa�a en una buena temporada. Si aprovechamos la oportunidad, puede ayudarnos a reducir la presi�n migratoria sobre la frontera de forma temporal".Porque esa es, precisamente, la cuesti�n que permanece tras el pinchazo tremendo con el que se ha saldado el temido 15-A: qu� pasar� cuando el r�gimen marroqu� desmonte su dispositivo protob�lico sobre la frontera y llegar a Ceuta vuelva a ser una cuesti�n de ilusi�n, audacia y buenos pulmones para nadar.Cuentan los expertos en migraci�n que, en realidad, hay que distinguir entre dos poblaciones bien distintas que aspiran a llegar a la ciudad aut�noma: los subsaharianos y los marroqu�es. Los primeros acumulan una traves�a de meses, incluso a�os, para alcanzar Europa desde unos pa�ses con una pobreza pavorosa. En cuanto el dispositivo presente la m�s m�nima grieta, tratar�n de infiltrarse a trav�s de la frontera ceut�. "Su vida no vale nada", cuenta un empresario local afincado en el norte del pa�s.M�s complejo es el fen�meno de los marroqu�es, para quienes el salto a Europa es m�s una opci�n aspiracional que una cuesti�n de pura supervivencia f�sica. No mueren de hambre, pero carecen de una ilusi�n por la que levantarse cada d�a. El influjo de celebrities como Lamine Yamal, adolescentes que presumen de sus millones de euros en las redes sociales, envenena su esp�ritu lentamente hasta convencerles de que jugarse la vida para llegar a Ceuta es una opci�n m�s que apetecible."Son chavales con trabajo fijo y un sueldo de unos 350 euros, que no est� nada mal para Marruecos", cuenta Mayand�a. "Pero, claro, ellos est�n convencidos de que en Espa�a tienen trabajo garantizado con un sueldo m�nimo de 1.200 euros. �T� no migrar�as en esas circunstancias? Pues yo tambi�n".Este dilema, de todas formas, deber� esperar hasta que el r�gimen afloje su cepo migratorio. Al caer la tarde, Castillejos a�n viv�a sometida bajo el escrutinio de miles de soldados, polic�as y agentes de inteligencia que controlaban cada conversaci�n y cada movimiento, especialmente los de los grupos de adolescentes que se ven m�s atra�dos por la #haraga. La estrategia de Marruecos cumpl�a as� la segunda de sus fases: si hace 15 d�as demostraron qu� ocurre cuando levanta la mano en la frontera, ayer se trataba de presumir de su capacidad para atajar la inmigraci�n cuando realmente se lo propone.Nada explica mejor esta estrategia que la zona cero del despliegue ante el 15-A: la explanada que separa Castillejos de la ciudad aut�noma. M�s de un centenar de veh�culos de todo tipo, de lecheras antidisturbios hasta camiones de tropecientas toneladas, se alineaban en perfecta sincron�a con los colores de la bandera nacional impresos en sus carrocer�as. El insistente zumbido de un dron aportaba la banda sonora de una escena casi apocal�ptica que transmit�a la ansiada imagen de poder�o del r�gimen.Aunque las fotograf�as del dispositivo de seguridad est�n absolutamente restringidas por el r�gimen, han acabado llegando a los m�viles de todos los vecinos de Castillejos, incluidos Yassim y Ahmed. Saben que hay oteadores en cada colina, concertinas en cada playa y esp�as escuchando en cada cafet�n. A�n no est�n seguros de si quieren volver a emprender el sue�o espa�ol. Ayer, desde luego, era el d�a menos indicado para plante�rselo.