Actualizado S�bado,

agosto

21:42Cuando paseaban a hombros Morante de la Puebla y Pablo Aguado por la puerta grande, pasadas las 21.15 de la noche, sub�a a los cielos en este d�a de la asunci�n de la Virgen una tarde tremendamente torera. El portento de Morante y la maravilla de Aguado enamoraron El Bibio, con dos y tres orejas, respectivamente. Y una magna faena del maestro que se qued� sin premiar, dejando honda huella. La lujosa corrida de N��ez del Cuvillo sac� nota, incluso el lote de Manzanares. Pero eso es otra historia ya sabida y, por tanto, aburrida de contar.Una cortina de agua a modo de sirimiri vascuence acentu� el color gris del d�a, la belleza de Gij�n, la melancol�a de la plaza de El Bibio. La expectaci�n por Morante de la Puebla, en la se�alada fecha de la virgen de Bego�a, visti� los tendidos con una gran entrada, un lleno a falta de nada para acabar el papel. Morante no toreaba desde el �ltimo domingo en El Puerto de Santa Mar�a, en la �ltima lecci�n magistral, el �ltimo "No hay billetes" de los cuatro seguidos en una semana. Un hito. La inesperada baja por un c�lico nefr�tico en San Sebasti�n sembr� alguna duda sobre su presencia, despejada pronto por la empresa de Z��iga.Tremendo derechazo de MoranteCircuitos taurinosLa corrida no hab�a empezado bien. Ya se sabe que los gitanos no quieren buenos principios. A las 18.45 volv�a a los corrales el primero de la tarde, un tacazo de hechuras, que sin embargo se mov�a horrible en el capote, con las manos por delante, queriendo tomar con el pit�n cambiado. Parec�a descoordinado. Pero el maestro hizo el gesto a la presidencia con los dedos de que ten�a la vista cruzada. Eso ser�a. El cambio fue vital. Salt� el sobrero, tambi�n de N��ez Cuvillo, con el mismo nombre -Galiano- y distintas hechuras, ensillado, montado, muy largo pero con buena cara. Y lo importante: buen fondo. MdlP volvi� a sembrar el toreo. Lo que se dice estar sembrao. Atr�s quedaron un manojo de ver�nicas, especialmente hermosas por la izquierda, cuando abri� faena con sabrosos ayudados por alto. Solt� los vuelos por abajo por el mismo pit�n para apuntar lo que a las 18.59 ser�a un cambio de mano de otro mundo. Abrochaba as� la segunda de las dos tandas de redondos a comp�s, con el asiento de planta y el sitio que gasta y pisa Morante. Al natural hubo pureza en aquellos naturales dibujados por su camino, despacio siempre. Fue la �ltima serie antes de que la noble y embestida acusase el gasto en su empleo. El hilo de la determinaci�n y la torer�a sostuvo el pulso de la obra, el modo de salir y entrar de la cara del toro. Hundi� el matador de La Puebla la espada en todo lo alto con rectitud encomiable, perdiendo el enga�o en el volapi� determinante. Ese peso m�s en la balanza para alzar el todo hasta las dos orejas.A las 19.53, Pablo Aguado se hac�a con otras dos orejas despu�s de otro espadazo y bordarlo, tan gr�cil, con un Polvorilla divino, por su cara abrochada y su clase proverbial. Un par�ntesis: observe el lector que las grandes glorias de Aguado, resucitado tras el patibulario de San Isidro, se est�n dando en todas las plazas de Carlos Z��iga -Aranjuez, El Puerto, El Bibio-. Es lo que tiene contar con un gusto extraordinario para el toro. Sigo: lo dem�s corri� de parte del sevillano. La ilusi�n, la alegr�a y la finura. Incluso la inteligencia para dejar respirar a Polvorilla entre series. Anunci� c�mo ven�a en el brillante quite que cerr� toreando a una mano; y el toro anunci� por su lado c�mo ser�a.Todo, desde el principio de faena de rodillas a las manoletinas de puntillas, fue ajeno a la vulgaridad. Anot�, m�s all� de la naturalidad y la cadencia en el toreo fundamental, un muletazo zurdo rodilla en tierra, un pase de la firma y un cambio de mano por delante a muleta girada, puro Antonio Bienvenida. Esa sevillan�a, la alegr�a de Pablo, ya digo.Morante de la Puebla condujo entonces el estado de chispeante efervescencia a la profundidad. Eran las 20.07 cuando arrancaba la faena de la tarde. El toro, exacto en su irreprochable armon�a, se hab�a empleado en el caballo, gastando all� la vida que le falt�. Todo lo que ejecut� Morante suced�a a pulso, atalonado en su valor de plomo, enterrado en el ruedo. Sonaba Caridad del Guadalquivir para a�adirle solemnidad a lo solemne. "�No se puede ser m�s torero!", gritaron al maestro. La absoluta verdad. No cab�a una brizna de aire entre el toro y el torero, que giraban lentamente como una sola escultura. Cuando apur� la �ltima serie a pies juntos, provocando la embestida sobre la mano derecha, con todo su empaque a cuestas. El Bibio sinti� el calado de su toreo, puesto en pie. Un pinchazo y media estocada tendida se interpusieron entre �l y la gloria. La ovaci�n cerrada reverber� en el aire gris de Gij�n.A �ltimas, cerca de las nueve de la noche, salt� un toro hondo y gacho, de mejores inicios que finales, al que Pablo Aguado puso pasi�n y listeza, arrebato y ambici�n -que no es poco- entre brillos intermitentes. Puso m�s que el toro y mat� con una estocada atravesada que necesit� de un golpe de descabello para cortar la tercera oreja de su tarde. Y entonces lo izaron al cielo con el maestro para bajar el tel�n de esta tarde tan torera en el d�a de la asunci�n.Plaza de El Biblio. S�bado, 15 de agosto de 2026. Tercera de feria. Lleno. Toros de N��ez del Cuvillo, y un sobrero del mismo hierro (1� bis), bien presentados, hechurados y guapos; notable el 3�; de buen fondo el 1� bis; con m�s intenci�n que vida el 4�; bueno el 5�; de quebradiza clase el 2�; de mejores inicios que finales el 6�.MORANTE DE LA PUEBLA, DE OBISPO Y AZABACHE. Gran estocada (dos orejas); pinchazo y media tendida. Aviso (saludos).JOS� MAR�A MANZANARES, DE AZUL MARINO Y ORO. Pinchazo y estocada algo contraria recibiendo. Aviso (saludos); pinchazo hondo casi media y dos descabellos. Aviso (saludos).PABLO AGUADO, DE BUGANVILLA Y ORO. Espadazo algo delantero (dos orejas); estocada atravesada y suelta que escupe y un descabello (oreja y petici�n). Sali� a hombros con Morante.