Podr�a haberse mirado en el espejo del George Orwell que a finales de los a�os 20 pas� un tiempo entre la clase trabajadora marginal de los extrarradios de las grandes ciudades europeas y public� en 1933 'Sin blanca en Par�s y Londres'; o en Jack London, que mucho antes, en 1902, hab�a retratado a 'La gente del abismo' del East End de la capital brit�nica. Prefiri�, sin embargo, tomar como referente a Mar�a Laparcerie, una periodista francesa que cultiv� con gran �xito un tipo de periodismo que se llam� luego "de inmersi�n", en el que el reportero se convert�a en protagonista de la historia para mostrar realidades ocultas a la sociedad y denunciaba en primera persona corrupciones o injusticias sociales."Mar�a Laparcerie", escrib�a Magda Donato en 1918 en El Imparcial, "ha sido cochero cuando hubo en Par�s el fracasado intento de adaptar a las mujeres a este oficio. Mar�a Laparcerie fue tambi�n corista de �pera y ejerci� as� multitud de oficios, cada uno durante breves d�as; de esta manera, sus art�culos tienen el doble inter�s de ser exactos y de haber sido vividos". Y es que, Donato estaba convencida de que el periodismo era una actividad para el que las mujeres estaban mucho mejor dotadas que los hombres. En ese mismo art�culo de El Imparcial, titulado La mujer y el periodismo, afirmaba: "En cuanto el ambiente se haya despejado por completo de su estrechez y de su mezquindad molesta, las mujeres podr�n libremente consagrarse al periodismo, que s�lo ellas pueden hacer llegar a su pleno desarrollo".Para saber m�sMagda Donato (1898-1966) era el seud�nimo bajo el cual se escond�a Carmen Eva Nelken, hermana de la escritora, activista y diputada por el PSOE en todas las legislaturas de la II Rep�blica Margarita Nelken. Hab�a nacido en Madrid cuatro a�os despu�s que su hermana, en el seno de una familia jud�a de comerciantes (el padre ten�a una joyer�a en la Puerta del Sol) y hab�a recibido una educaci�n que le permit�a dominar varios idiomas y estar al tanto de las novedades y noticias que ven�an de Europa.La hispanista Margherita Bernard se�ala en la edici�n de sus Reportajes que public� la editorial Renacimiento, que a pesar de la "innegable rivalidad (que muy probablemente es la causa que impuls� a Carmen Eva a elegir un seud�nimo para distinguirse de su hermana) Magda Donato empez� a frecuentar, todav�a adolescente, los ambientes culturales progresistas en los que se desenvolv�a su hermana mayor. Sin lugar a dudas, sus primeros pasos en el mundo period�stico se beneficiaron de las amistades de Margarita". Con 19 a�os, en 1917, comenz� a colaborar en El Imparcial y hasta su exilio en 1939 lo hizo en Espa�a, La Tribuna, El Liberal, El Heraldo de Madrid y, a partir de 1930, "de manera casi exclusiva, en el diario Ahora y el semanario Estampa".Pero adem�s de periodista y novelista (en su obra La carabina se declara a favor del amor libre y en contra del divorcio, ya que es una figura que al "suavizar el matrimonio (...) una instituci�n inmoral", retrasa su necesaria abolici�n), Donato estuvo muy vinculada al teatro. Particip� como actriz en el movimiento de renovaci�n dram�tica impulsado por Cipriano Rivas Cherif y, junto a su pareja, el ilustrador, humorista y escen�grafo Salvador Bartolozzi (que compart�a ambiente intelectual con Arniches, Mu�oz Seca y Jardiel Poncela), public� en Estampa la serie infantil Las aventuras de Pipo y Pipa y Pinocho, una reelaboraci�n de las aventuras del personaje en Espa�a. "M�s adelante, estos protagonistas abandonaron el papel impreso y se convirtieron, gracias a sus creadores, en personajes teatrales", fruto de lo cual se inaugur� en Madrid el Teatro Pinocho en la Navidad de 1929. Durante su exilio en Ciudad de M�xico, donde morir� a los 68 a�os, fue actriz de televisi�n, de cine (lleg� a trabajar con Cantinflas en El Extra) y de teatro, recibiendo en 1960 el premio a la mejor actriz por su interpretaci�n en Las sillas, de Ionesco.ED. RENACIMIENTOY sin duda, esa facilidad para la actuaci�n le debi� facilitar su trabajo period�stico, en particular para elaborar sus "art�culos vividos" en Ahora, cuyo redactor jefe era entonces Manuel Chaves Nogales. Como su admirada Laparcerie, Donato quer�a vivir en primera persona para escribir con mayor conocimiento. Y as�, se hizo detener para ingresar en una c�rcel de mujeres y sufrir la falta de libertad como una m�s de ellas. Logr� que le diagnosticaran una enfermedad mental para entrar en un manicomio, pidi� por las calles hasta que fue enviada por la polic�a a un albergue de mendigas y, durante la Guerra Civil, se incorpor� con un grupo de milicianas a las trincheras. "A lo �nico que aspiro", le explicaba al m�dico de un manicomio que no entend�a que quisiera ingresar en el centro en lugar de concertar algunas entrevistas y hacer buenas fotos, "es a que mi reportaje, en lugar de estar hecho de fuera adentro, lo est� desde dentro. Y para ello es indispensable que yo pueda permanecer en un manicomio y convivir con dementes, observ�ndolas libremente a todas horas, durante el tiempo preciso, tres d�as o tres meses, una semana o un a�o".Aquellos reportajes inclu�an siempre una denuncia regeneracionista dirigida a los dirigentes de la Rep�blica (un r�gimen en el que confi� hasta el final) y una reflexi�n �tica. "Tengo la sensaci�n f�sica", escribi� tras llegar a la c�rcel de mujeres, "de que par entrar en aquella estancia baj� dos o tres escalones; pero mi sensaci�n moral es de haber bajado mucho m�s: una escalera interminable, tal como pudiera ser la que condujera a abismos profundos y tenebrosos".La mujer y el periodismo'El Imparcial', Madrid, 13 de enero de 1918"En cuanto el ambiente se haya despejado por completo de su estrechez y de su mezquindad molestas, las mujeres podr�n libremente consagrarse al periodismo que s�lo ellas pueden hacer llegar a su pleno desarrollo. S�lo las mujeres tienen bastante coraz�n para poner en el periodismo la dosis de humanismo desinteresado del cual es susceptible: s�lo ellas tienen bastante constancia y testadurez para llevar su tarea a cabo a trav�s de todas las dificultades y de todas las amarguras: s�lo ellas tienen bastante valor y bastante serenidad para afrontar todas las luchas: son capaces de bastante pasi�n para encari�arse con su obra y de bastante fe para, poni�ndose a su nivel y queri�ndola, redimirla del cinismo period�stico con el cual los hombres creen probar una superioridad"
Magda Donato, la periodista que fue mendiga, loca y delincuente para escribir 'reportajes vividos'
Podr�a haberse mirado en el espejo del George Orwell que a finales de los a�os 20 pas� un tiempo entre la clase trabajadora marginal de los extrarradios de las grandes ciudades...






