Figura semiolvidada de la escena artística de los setenta y ochenta, Àngel Jové vuelve al primer plano con la retrospectiva sobrecogedora que le dedica el Museu Tàpies en Barcelona, que hace justicia a un creador al que las instituciones catalanas no habían prestado apenas atención desde hacía más de tres décadas. La planta inferior de la fundación barcelonesa se transforma en un espacio abierto donde reaparecen algunas de sus imágenes obsesivas. A primera vista detectamos figuras y rostros borrados, animales heridos o moribundos, interiores lóbregos y muebles inservibles.Lo experimentamos como un descenso a las zonas más oscuras de la psique del artista, que parecen coincidir con los traumas alojados en la memoria colectiva, derivados de la Guerra Civil y de la miseria moral y material de la posguerra. Jové somete la imagen más familiar a una radiografía histórica que revela bajo su superficie los estratos de violencia que el tiempo no ha conseguido borrar.La exposición impresiona por la elocuencia con la que articula una obra inabarcable y por la contundencia con la que reivindica el nombre de Jové. En total recorremos casi 1.500 obras, en su mayoría dibujos nunca vistas en público. El conjunto está atravesado por la lucidez incómoda del melancólico, de quien ha pasado demasiado tiempo observando aquello que los otros prefieren obviar, atento al rincón oscuro mientras los demás se tostaban al sol. La comisaria de la muestra, Maria Josep Balsach, que fue pareja del artista, relaciona su práctica con el páthei máthos, el conocimiento que llega a través del dolor: una posición estética y filosófica poco común entre sus contemporáneos, lejos del esforzado optimismo de la cultura de la Transición.Nacido en Lleida en 1940 y fallecido en 2023, su práctica atravesó casi todos los lenguajes disponibles: pintura, fotografía, objeto, instalación, cine, diseño y arte conceptual. Pasó por el Grup Cogul, vinculado al posinformalismo catalán, y después por El Maduixer, pionero del conceptualismo y la performance en Cataluña. Participó en Primera muerte, considerada una de las primeras experiencias de videoarte en España, actuó en el cine más temprano de Bigas Luna (Bilbao, Caniche), diseñó decenas de cubiertas para Anagrama y participó en el diseño de la iluminación de Zeleste, en su local de Argenteria. Lo tenía todo para convertirse en una figura central de la neovanguardia barcelonesa de los setenta, hasta que decidió rehuir galerías y museos y acabó trabajando durante años en un retiro voluntario que terminó pareciéndose al ostracismo. La muestra responde así a una voluntad de reparación impulsada por la directora del Museu Tàpies, Imma Prieto, que salda una deuda institucional pero también personal: Jové fue el primer artista que le encargó un texto cuando ella todavía era estudiante.Jové creció en la Cataluña interior devastada por la Guerra Civil, aunque su obra parece menos interesada en representar el conflicto que en registrar sus sedimentos: niños desprotegidos, mendigos hambrientos y viejas fotografías familiares de rostros inciertos, como si la pintura registrara el instante inmediatamente anterior a su borrado. La planta subterránea de la muestra lleva esa lógica todavía más lejos. Los más de 300 dibujos de Altra volta mossego un tros de pa forman un gran friso sobre los campos de concentración, el destierro y el exilio, articulado alrededor de Leandre Cristòfol y Cesare Pavese. Los une la experiencia de haber quedado desplazados de su propio mundo: Cristòfol pasó por el campo de concentración de Argelers y después por un exilio interior, mientras que Pavese sufrió el destierro político y terminó suicidándose.En Über alles, un sinfín de horizontes oscuros evoca los paisajes que contemplaban diariamente los prisioneros de los campos de concentración. Sellos, fechas y referencias históricas impiden que esos paisajes pertenezcan a una sola guerra: se mezclan la Guerra Civil, el Holocausto y Bosnia, e inevitablemente también las matanzas y genocidios del presente, en un ciclo de violencia que parece interminable. Y, sin embargo, al fondo de esos horizontes negros aparece a veces una luz mínima, quizá más desgarradora que la oscuridad total: la historia desmiente con insistencia que la esperanza sea una solución razonable.‘Àngel Jové. De intactu’. Museu Tàpies. Barcelona. Hasta el 27 de septiembre.