Retratos contempor�neosEl artista mallorqu�n, uno de los creadores principales de la pintura desde los a�os 80, expone en Barcelona una selecci�n de grabados hechos en la ciudad entre 2016 y 2026 y present� un proyecto, hoy en concurso, para intervenir en la fachada de la Gloria de la Sagrada FamiliaActualizado S�bado,

junio

23:10De los pintores espa�oles que empezaron a dar batalla en los a�os 80, Miquel Barcel� parece el m�s decidido a encontrarse con sus or�genes paleol�ticos. Su b�squeda aspira a alcanzar el grado cero del arte, representado en el b�ho rayado con un dedo sobre la pared arcillosa de la cueva de Chauvet (Francia) hace 30.000 a�os. Lo ocurrido despu�s es una insistencia sobre esa misma pulsi�n originaria de expresarse dando forma al mundo. Como naci� en Felanitx (Mallorca) en 1957, zona de mercaderes y corsarios, pas� la infancia buceando hasta el vano donde se oculta la morena o el cu�vano donde aguarda el mero, consciente de que era el agua lo que m�s se mov�a alrededor de su vida. Despu�s se iba a secar a la biblioteca del pueblo saltando de una lectura a otra. Es un tipo de talento descomunal y decidi� pronto no pintar lo razonable, sino lo vivido, lo echado a perder, lo propio, lo que se extrav�a, la soledad del pintor en su estudio, la posibilidad de un golpe de mar, el acontecimiento de una sand�a abierta en dos.Antes de marchar a Barcelona, el 7-7-77 ocup� la isla Sa Dragonera junto a una tribu mezclada de hippies, anarcas y ecologistas. Protestaban por la depredaci�n urban�stica de Mallorca y la amenaza de desbaratar el territorio virgen de este islote. Barcel� escogi� para su estancia el punto m�s alto, el faro abandonado de Na P�pia. Rodeado de gaviotas y acantilados test� la experiencia del buen salvaje. Fue de los �ltimos en abandonar el territorio ocupado. Salvaron Sa Dragonera. Barcelona fue la siguiente parada. Y poco despu�s sali� disparado a la Documenta de Kassel, la m�tica de 1982. El comisario Rudi Fuchs lo ascendi� a los cielos. Desde entonces, la batalla de Barcel� consigo mismo tiene un momento brutal y sucesivo: el de arrancarse del tiempo para pintar fuera de cualquier l�mite, ajeno, extraviado, como quiz� hicieron aquellos humanos de cueva. Estas cosas las piensa en silencio, claro.El trabajo de Barcel� tiene algo de expedici�n a la extra�eza y lo m�s remoto. No es un sujeto asilvestrado, sino de el resultado de sofisticaci�n sin protocolos. Un producto del cosmopolitismo finisecular cruzado con los modales del pay�s imbatible en la liturgia de la matanza del cerdo, sabio de cosas felizmente in�tiles como la t�cnica de colgar las sobrasadas para su mejor curaci�n. Asent� en Par�s el campamento de artista trashumante a finales de los 80. Empez� con un taller en el barrio de Le Marais y 20 a�os despu�s tiene tres o cuatro almacenes para sus cosas. Cerca de Felanitx asent� la otra base, mas dos tejares donde explorar el otro costado de su obra: trastear con la terracota. Entre estos dos espacios, con paradas puntuales en Nueva York, Gogol� (Pa�s Dogon de Mali), Tailandia, Nepal o N�poles, ocup� su tros de terra en el escarpado jaleo del arte contempor�neo. Barcel� es exactamente un exceso muy l�cido hasta alcanzar la depuraci�n de sacarle a una granada el jugo y hacer de �l sangre del cuadro.A diferencia de otros creadores, maneja una cultura confeccionada por intuiciones fuertes. Tiene algo de ardilla resucitada con seis o siete vidas ya cumplidas. Lee con apetito grande. Igual a Yves Bonnefoy que a Dante. A Vila-Matas o a Paul Celan. A Valente y a John Berger. A Dore Ashton y a Miquel Bau��. Al raro Herv� Guibert, el de La mort propagande. Escribe unos diarios donde la reflexi�n y el dibujo (o la acuarela) se enredan sin nada que perder. Unos cuadernos que son huella de vivir y quiz� su gesto de mano soplada como las de aquellas mujeres, ni�os y hombres que dejaban rastro de s� en las paredes esot�ricas de la gruta.En la galer�a Artur Ram�n de Barcelona expone ahora un conjunto de grabados resueltos en la ciudad entre 2010 y 2026. Pronto anunciar�n qu� proyecto de los tres finalistas ganar� el concurso para intervenir en la fachada de la Gloria de la Sagrada Familia. Miquel Barcel� es candidato, junto a los escultores Cristina Iglesias y Javier Mar�n. Conoce el pa�o del arte sacro y lo ejerce a su manera, como en el mural de arcilla en la Capilla del Alt�simo de la catedral de Palma. Acumula una habilidad extraordinaria para hacer suyo cualquier espacio. Habla poco y deprisa, con vieja sabidur�a mediterr�nea o como reci�n llegado de una tierra lejana de todo.La poes�a le sirve para comunicarse cada vez m�s a quemarropa. S�lo quien ha cruzado por entre todas las ovaciones sin perder el eje ni la conciencia de que nada hay m�s monumental que un vaso de agua bajo un algarrobo sabe que m�s vale un mundo perdido que una vanguardia improvisada. Miquel Barcel� no es antiguo ni moderno, nada tiene que hacer para presentarse como un artista radical al que a�n le resulta de mejor provecho aprender de Picasso que liarse con la Inteligencia Artificial. Contin�a chorreando pintura.No sabemos de todo cuanto le salva el cuadro, pero a la manera del poema aquel de Wislawa Szymborska podr�a decir esto mismo: �Algo todav�a ocurrir�, pero d�nde y qu�. / Alguien vendr� a buscarte, pero cu�ndo, qui�n�. Mantiene el empe�o de no traspapelar a aquel muchacho dorado al sol que bailaba con los pulpos en un fondo de mar donde los naufragios sucesivos organizaron cementerios de �nforas. El buen salvaje encarna la pintura movi�ndose hacia aquella primera tempestad del arte: la de alguien que reprodujo en el l�bulo de cualquier cavidad un b�ho presionando con el dedo �ndice la superficie de la arcilla.