La historia se puede ver en una fila. Es larga, impaciente. Serpentea ante las oficinas de Extranjería y las comisarías de toda España. Al principio de los años noventa, la componían sobre todo hombres marroquíes, obreros con poca o nula formación para una España que ya hacía 15 años que había salido del franquismo y entraba en el boom del ladrillo. Construyeron carreteras, edificios y los hoteles donde hoy trabajan los nuevos rostros de esa cola: mujeres latinoamericanas y con más formación que nunca, según los datos del Gobierno sobre la actual regularización extraordinaria. La fila empieza en la sombra de la informalidad y termina en la luz de la regularización. El procedimiento extraordinario en marcha, al que han acudido 1,17 millones de inmigrantes que ya residen en el país, es el séptimo en 40 años. Ningún país acumula tantos procesos de legalización, ni tan voluminosos. A través de ellos, España ha saltado del grupo de los rezagados a la cabecera de la lista de países europeos más avanzados con un índice mayor de crecimiento. Una nación que necesita a los que necesitan papeles para seguir creciendo.La España de la construcción Es la historia de la España moderna. Ningún anuario estadístico ofrece una imagen precisa de las siete regularizaciones. Son las calles las que cuentan esa historia. Reduan Amansuren, un obrero marroquí ya jubilado de 63 años, cruzó el Estrecho para navegar un mar de oportunidades. Reza en la mezquita de la M-30, al este de Madrid. Un templo de mármol de pared a pared que abrió sus puertas en 1992, después de que España abriera las suyas a los 65.000 inmigrantes marroquíes que se regularizaron en los procesos de 1986 y 1991.Amansuren revelaba fotos en Tetuán (Marruecos), pero la empresa quebró. El país también. Mohammed Ouhemmou, profesor en migración de la Universidad Ibn Zohr en Agadir, explica que “la situación económica de Marruecos no pintaba bien”. A la crisis energética de los setenta —que disparó el precio del petróleo y encareció los fertilizantes— se sumó una sequía que asfixió al sector agrícola. Además, el profesor sostiene que hubo una “gran represión, un conflicto político y dos golpes de estado fallidos”.Muchos marroquíes huyeron de las penurias de su país y Europa los acogió. Amasuren vio desde su país cómo España, impulsada por la celebración de la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, se convertía en una gran oportunidad. En 2001, cuando decidió dar el salto a la Península, 28.300 marroquíes contaban ya con un permiso para trabajar en la construcción, el sector que reunía entonces el 43% de todos los permisos para extranjeros. Amansuren no ha retornado a Marruecos, ni lo contempla. Forma parte del más de millón de personas nacidas en su país que vivían en España en 2024, según el INE. “Se está bien aquí”, dice. Acudió a la regularización de 2005, impulsada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE), y trabajó en la construcción. Recuerda un país en obras, el boom inmobiliario en el que España construyó tantos pisos como Francia, Alemania y el Reino Unido juntos: 800.000 al año. Antonio Izquierdo, catedrático de Sociología de la Universidad de A Coruña y autor de referencia sobre los movimientos migratorios, señala que “ha habido necesidades cíclicas” en la construcción. Apunta al principio de los noventa, cuando en Andalucía se construyeron más de 1.000 kilómetros de autovías y autopistas entre 1987 y 1997, según las estadísticas de la Junta. Con el cambio de siglo, las demandas de trabajo en los hogares y en los sectores de la limpieza y los cuidados superaron a las de la construcción. La familia española había cambiado y la incorporación de las mujeres de entre 25 y 44 años al mercado laboral se disparó. En 15 años de democracia su fuerza laboral había aumentado del 30% al 55%, según los datos del Banco de España. Demanda de cuidadorasEste hecho coincidió con otra tendencia. En 2000, el país registró una de las demografías más envejecidas de la UE. El 17% de la población tenía más de 65 años, como apuntó entonces un informe de la OCDE. Por esa razón, el catedrático de Sociología considera que el envejecimiento “ha producido una gran demanda de cuidadoras”. Pilar Moyolema, solicitante del proceso de regularización de 2001, atiende a una mujer mayor. No llegó a España para ser empleada doméstica, ni cuidadora. Cuando tenía 39 años, esta quiteña huyó de una crisis económica en Ecuador, ocasionada por la dolarización de la moneda nacional. Allí estudió sastrería y vendió ropa por toda la región andina, pero en España encontró un trabajo en la casa de una familia madrileña. Sus dos hijos, que ya son mayores, crecieron con papeles en Madrid. “Ella trabaja en una discoteca y él en Uber”, dice. “Yo llevo cinco años cuidando a una señora. Por fin ahorro y empiezo a darme mis gustos”. Su vida es la muestra de toda una generación de ecuatorianos en España. La regularización de 2005, ecuatoriana (el 20% de los solicitantes) y femenina (el 41%), marcó un antes y un después en el flujo migratorio de España. Pasó de ser marroquí a latinoamericana, de mayoría masculina a cada vez más mujeres. Un inmigrante que llegó en avión, sin tener que cruzar una valla, atendió los hogares particulares y ahora se ha hecho cargo de los servicios de hostelería y turismo.El turismo representa el 12% del PIB de España, y en 2024, según la Organización Mundial del Turismo de Naciones Unidas, era el segundo destino del mundo, solo por detrás de Francia y seguido de Italia y Estados Unidos. En 2025, 97 millones de personas visitaron el país, casi el doble de los 53 millones de 2010, según los datos del INE y del Ministerio de Industria y Turismo. La “latinoamericanización”El sociólogo Izquierdo explica que esto es posible gracias a la “latinoamericanización” del sector hostelero: “El idioma es la clave. La inmigración latinoamericana ha entrado porque se incorpora al mercado de trabajo sin apenas coste ninguno de enseñanza”. En la hostelería, uno de cada tres trabajadores es de otro país, según los datos del Gobierno. Pero tres expertos consultados aseguran que son muchos más. “Hay una parte irregular poderosa”, señala Izquierdo. El empleo irregular alcanzó el 25% entre las nacionalidades extracomunitarias en 2024, indica un informe del banco BBVA. El profesor aclara que se trata de un mercado de trabajo ideal para que esos inmigrantes entraran y se asentaran en “pequeños nichos” del mundo laboral.Las nacionalidades colombiana, venezolana y peruana son las que más crecieron en el país durante 2024 y 2025. El procedimiento de 2026 les ha dado esperanza de conseguir contratos formales y acceso —en teoría— al ascensor social. Yenny Álvarez, solicitante colombiana de 38 años, dejó su trabajo de contable y a su familia hace dos años para cuidar a otra en Madrid. Gana 750 euros al mes y vive con sus empleadores en el distrito de Moncloa. “Estoy muy cómoda aquí”, afirma. A España llegaron 640.000 colombianos entre el fin de la pandemia y 2025, según el INE. La facilidad para obtener la nacionalidad —en comparación con otros países como Estados Unidos— y la presencia anterior de otros colombianos que se fueron asentando en el país desde comienzos de este siglo son algunas de las razones por las que más eligen España. José Pablo Martínez, investigador del Real Instituto Elcano, añade que la economía colombiana “no va especialmente mal, pero hay mucha gente que considera que puede prosperar más en España”. Álvarez tiene esa fe. “Dios me abrió las puertas acá”, dice. Es empleada doméstica con un título en contabilidad que aún no ha podido homologar en España. “Si sigo en este empleo, aunque estoy muy agradecida, no seguiré creciendo”, añade. Es el lamento del flujo migratorio más formado e instruido de la historia, el que trabaja en los cuidados del hogar y la hostelería. El 67% de los solicitantes de la regularización actual cuenta con educación postobligatoria de bachillerato, formación profesional o estudios universitarios, según la información preliminar del Gobierno. Al economista José Ignacio Conde-Ruiz le preocupa que “la convalidación de los títulos universitarios vaya tan lenta”. Es el preludio de otro gran salto demográfico y económico. En 1986 se registraron 242.000 extranjeros en España, un 0,63% de la población; hoy son 6,8 millones (un 14%). Los siete procesos se han concentrado en las ciudades: más de un tercio de solicitudes en 2026 han sido presentadas en Madrid y Barcelona. Se nota en los carteles árabes de los comercios, los nombres latinos de las peluquerías y los rostros del metro de ambas urbes. Y hay pueblos enteros que sobreviven gracias a quienes llegan. Anguix (Burgos) tiene aproximadamente 150 habitantes, de los que el 44% son africanos. En Carabantes (Soria) viven 22 personas y ocho son latinoamericanas.Pero la inmigración va más allá de su aportación al mundo laboral. El economista Conde-Ruiz resalta que los migrantes “rejuvenecen” el país. La hija de la colombiana Yenny Álvarez tiene 18 años. Su madre quiere que emigre a España para trabajar como ortodoncista. Es el ciclo vital: la España de hoy y la de mañana.