Ferdinand Cheval trabajaba como cartero en la ciudad francesa de Hauterives, en la región de Drôme-Auvernia-Ródano-Alpes, cerca de Lyon. Su vida era de lo más común y nada parecía que fuera a romper la rutina, hasta que un buen día, Ferdinand tropezó con una extraña piedra. Era el año 1879, Cheval tenía 43 años y empezaba así la historia de una de las construcciones más extrañas y fascinantes que se pueden ver en Europa: el Palais Ideal (Palacio Ideal).
Esta construcción de difícil clasificación está realizada en piedra esculpida, siguiendo un estilo libre y ecléctico que hoy, casi un siglo y medio más tarde, nos sigue fascinando y sorprendiendo. No en vano, se calcula que cada año pasan por el Palacio Ideal unos 150.000 visitantes.
Un proyecto de lo más loco
Quien le iba a decir a Ferdinand Cheval que 33 años después de encontrarse con una piedra, la idea que le vino a la cabeza se habría convertido en una realidad. Solo y con sus propias manos, Cheval se obsesionó por recoger piedras y más piedras a lo largo de sus paseos diarios. Tomando como inspiración imágenes de postales y de revistas que distribuía gracias a su oficio de cartero, Cheval fue dando forma a un singular palacio en su propio jardín.






