El castillo de Cheverny es toda una joya arquitectónica del majestuoso valle del Loira, de una belleza que cautiva a miles de visitantes cada año por su elegancia clásica. Esta edificación no solo destaca por su belleza, sino por ser la cuna física de una de las residencias más famosas de la literatura ilustrada: el castillo de Moulinsart. Fue aquí donde el dibujante belga Hergé encontró la inspiración necesaria para situar las aventuras del intrépido reportero Tintín y su inseparable compañero, el capitán Haddock. La relación entre la realidad y la ficción ha convertido a este recinto en un lugar de peregrinación de Francia para los amantes del noveno arte. Al contemplar su fachada principal, el visitante se siente transportado inmediatamente a las páginas de los cómics más emblemáticos del siglo pasado.

El proceso creativo de Hergé para dar vida a Moulinsart consistió en un ingenioso juego de simplificación arquitectónica basado en un folleto turístico de la época que llegó a sus manos. El artista decidió utilizar la sección central de Cheverny, eliminando los dos pabellones laterales para otorgarle al edificio ficticio una apariencia ligeramente más modesta y funcional para sus historias. Esta transformación permitió que el hogar del capitán Haddock mantuviera la simetría y el rigor clásico que caracteriza a la técnica de línea clara del dibujante. En los archivos personales del autor se conserva aún ese boceto a lápiz que muestra a los protagonistas caminando hacia la entrada del majestuoso edificio.