Guillermo Benavides |
Pekín (EFE).- Correr, saltar o jugar al fútbol ya no basta: los llamados Juegos Mundiales de Robots Humanoides de Pekín quieren que, en su segunda edición, las máquinas demuestren también que pueden trabajar.
El torneo amplía este año de seis a veinte los escenarios inspirados en tareas reales, en una apuesta por trasladar fuera de las pistas algunas de las capacidades que los humanoides desarrollan en la competición.
Los entrenamientos previos muestran, sin embargo, las dos caras del desarrollo de los humanoides: mientras algunos juegan al tenis de mesa de forma autónoma, otros todavía tienen dificultades para algo tan elemental como encontrar un balón.
Aprender jugando








