El gigante asiático exhibe músculo tecnológico con sus veloces androides corredores en la segunda edición de esta prueba en la que compiten personas y humanoides

China ha vuelto a exhibir músculo cibernético con la celebración este domingo de un medio maratón entre robots y humanos en Pekín. Conviene aclarar de antemano una cosa: no ha sido una competición justa. El primer humanoide ha corrido tan absurdamente rápido que ha pulverizado todos los registros de velocidad de nuestra especie. “¡Vamos Shandian!”, le gritaban en el kilómetro 11 de la carrera decenas de personas congregadas a primera hora de la mañana en torno a una curva para ver el espectáculo.

Ver correr a Shandian (significa Relámpago en mandarín, así se llama el ganador de la carrera) resulta una experiencia extraña. Se siente una mezcla de orgullo e impotencia: orgullo, por lo que implica en términos de salto tecnológico, un logro en gran medida colectivo de la humanidad; impotencia, al constatar la forma insensible e imperturbable en que nuestra propia creación avanza sobre la carretera.

Shandian, de un centelleante color rojo, es un androide de cuerpo robusto que contrasta con sus piernas ágiles y finas engarzadas a la pelvis mediante gruesas articulaciones mecánicas; sus pies no son pies sino palas que repiquetean a un ritmo feroz contra el asfalto, y apenas da tiempo a animarlo, a grabarlo, a hacerle fotos, a observarlo. Hay que optar por una de ellas.