0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa plaza de la Catedral de Palma, un excelente mirador al mar desde las murallas de la ciudad, es el corazón del turismo de masas y el punto por el que seguramente pasaron todos y cada uno de los 13,6 millones de turistas que visitaron Mallorca el año pasado. Todo el que viene a la isla se hace una foto allí durante su estancia. La consecuencia es que uno de los sitios más bellos de la ciudad es terreno vetado para los residentes, lo mismo que otros puntos neurálgicos de una Palma cada vez más hostil para sus habitantesBrunzit, un colectivo social y vecinal de Palma quiere darle la vuelta a esa realidad y ha puesto en marcha una iniciativa para ocupar esos espacios cedidos al turismo y recuperarlos para el ciudadano. Unas 500 personas toman cada miércoles una de las céntricas plazas de Palma con un popular sopar a la fresca, en un intento de los residentes por resistir en una ciudad que se transforma y que cada vez es más ajena. Las cenas comenzaron el año pasado y han sido un éxito, por encima de las previsiones de los organizadores. Buscan ser un punto de encuentro entre vecinos y, al mismo tiempo, una forma de plantear el debate sobre los efectos del actual modelo turístico en la ciudad y en el conjunto de las Islas.Unos 500 residentes se citan cada semana gracias a una campaña para recuperar los espacios centralesPau Riera, uno de los portavoces de la plataforma explica que la iniciativa pretende ser un llamada de atención ante la evidencia de que determinados espacios del centro de Palma han experimentado una transformación de sus usos como consecuencia del crecimiento de la actividad turística. El incremento de terrazas, establecimientos orientados al visitante y la elevada presencia de turistas durante los meses de verano han modificado la utilización cotidiana de plazas y calle y ha expulsado a los residentes de ese centro neurálgico de la ciudad.Lee tambiénRiera explica que su contribución a ese intento de transición pasa por “denunciar el turismo de masas y de élite” como uno de los principales agentes relacionados con el agotamiento de los recursos naturales de Baleares. Brunzit considera además que el actual modelo turístico plantea riesgos para la sostenibilidad económica de las Islas y sostiene que puede conducir a una situación de “colapso económico”.El ambiente de estas cenas populares en Palma de Mallorca es festivo. Joan Mateu ParraLa iniciativa, hecha desde un planteamiento crítico con el modelo turístico balear, no ha sido entendida por los restauradores afectados por estas inesperadas ocupaciones de las plazas donde tienen instaladas las terrazas de sus bares y restaurantes. Ya ha habido quejas y presiones al Ayuntamiento de Palma para que no autorice estas propuestas festivas y reivindicativas.La cuestión del uso de los espacios públicos se ha incorporado en los últimos años al debate sobre la transformación de Palma. El centro de la ciudad concentra una elevada actividad comercial, hostelera y turística, especialmente durante la temporada alta, dirigida de forma mayoritaria y casi exclusiva en algunas zonas a los turistas. Al mismo tiempo, el aumento de la presión sobre la vivienda y la transformación de determinados barrios han generado críticas entre organizaciones vecinales y colectivos sociales.La iniciativa llega además en plena discusión sobre la capacidad de Baleares para seguir creciendo en número de visitantes y sobre los efectos que este crecimiento tiene sobre la vivienda, los recursos, las infraestructuras y la convivencia, con manifestaciones cada vez más multitudinarias en contra de ese desborde turístico, como la que se ha visto este mismo verano.
Los vecinos de Palma convocan cenas en plazas para ‘desalojar’ a los turistas
Los residentes secundan así una campaña en la que defienden que se recuperen los espacios centrales hoy frecuentados por el turismo






