Antes del templo

Hubo un tiempo en que los bosques eran templos, los frutos, ofrendas, y el aroma del incienso, una forma de hablar con los dioses. Aina S. Erice ha seguido el rastro de árboles, flores, semillas y resinas para descubrir que las plantas no solo alimentaron a la humanidad: también alimentaron sus religiones. En El jardín de los dioses (Ariel) recorre mitos y culturas de todo el mundo para mostrar cómo la naturaleza moldeó nuestra manera de creer, de imaginar y de buscar sentido. En ese viaje, la ceiba se convierte en árbol sagrado, el azafrán en tinta para hechizos, el perfume en señal de la presencia divina. Incluso la embriaguez pudo desempeñar un papel en la domesticación del maíz: si había que ofrecer una bebida a los dioses, mejor cerveza que agua. “Detrás de cada planta hay una historia que merece ser contada”, asegura.

¿La espiritualidad humana nació entre plantas?

Definitivamente sí. Sin plantas no habría dioses. Sin ellas no habríamos sobrevivido, pero tampoco imaginado el mundo como lo hacemos. La naturaleza no solo nos alimentó: también dio forma a nuestras creencias.

¿Sin plantas no hay paraíso?