“Al invasor no lo entierras en casa”

La cultura y, con ella, el progreso humano comienzan con la prohibición del incesto. Ese primer límite inaugura la ley y orden –tótem y tabú– que organiza la comunidad. Así superamos la consanguinidad, que mantiene a los demás primates en el atraso, y fomentamos la diversidad genética que abrió el paso a la civili­zación. La arqueogenetista Fernández-Domínguez documenta aquí en detalle un paso más en ese progreso: la diversidad genética comprobable con las últimas técnicas en los primeros pobladores agricultores del neolítico. “En todos los yacimientos estudiados hallamos individuos locales enterrados junto a individuos forasteros. Eso demostraría vínculos familiares entre locales y foráneos. Al invasor –concluye la arqueóloga de Durham– no lo en­tierras en casa”.¿Hubo alguna vez una raza humana pura?

No la hubo. Ya lo demostró Cavalli-Sforza al investigar la estructura genética de las poblaciones actuales.

Lo explicó en La Contra : toda pureza racial es una mezcla olvidada.

Hoy sabemos mucho más. Con técnicas genéticas avanzadas: podemos recuperar genomas; ver si las poblaciones del neolítico se mezclaron; establecer relaciones familiares entre sus pobladores...