Los desastres naturales ocurridos en el primer semestre de 2026 han causado daños por valor de 112.000 millones de dólares (alrededor de 97.000 millones de euros) a nivel mundial. De esa cantidad, solamente 44.000 millones estaban asegurados, lo que supone que el 60% de las pérdidas no estaban protegidas, según datos de Munich Re, el gigante mundial del reaseguro. Aunque la cifra es una de las más bajas desde la pandemia y se aleja del promedio de 66.000 millones de dólares estimados, el sector alerta de que el cambio climático y la mayor exposición a los desastres naturales elevan el riesgo de un incremento de las pérdidas a futuro. Esta situación empuja a las aseguradoras hacia un replanteamiento de su modelo de negocio que va más allá de gestionar los riesgos. En el caso de Europa, el foco está puesto en las altas temperaturas. El Viejo Continente registra una media de 21-26 días calurosos (30ºC o por encima) al año, frente a los 10–17 días de la década de 1950. Pero además, la proporción de superficie terrestre que experimenta al menos un día caluroso al año se ha incrementado un 24% en los últimos 70 años. En la práctica esto tiene consecuencias que van más allá de la mortalidad asociada al calor, considerada el desastre natural que más vidas se cobra. Además de ejercer presión sobre los sistemas energéticos y los canales de distribución del agua, provocando daños en las infraestructuras, las altas temperaturas también tienen efectos multiplicadores de otros fenómenos naturales adversos, ya que generan condiciones más propicias para las sequías, los incendios forestales o las inundaciones repentinas en algunas regiones, según Swiss Re Institute. Pese a que el terremoto de Venezuela del pasado junio fue la catástrofe más destructiva en estos seis primeros meses del año, el menor nivel de aseguramiento frente a otros países como Estados Unidos, convierte las tormentas eléctricas en la principal fuente de pérdidas en el periodo analizado. Las perspectivas para esta segunda mitad vienen condicionadas por la previsión de que el fenómeno conocido como El Niño será intenso. Si bien se prevé que reduzca la probabilidad de una temporada de huracanes activa en el Atlántico Norte, puede alterar el riesgo de inundaciones, incendios forestales y otros fenómenos meteorológicos extremos en otras zonas del planeta. Históricamente, la mayor parte de los siniestros por fuego se producen en la segunda mitad del ejercicio, cuando la vegetación seca alcanza su menor nivel de humedad. Los incendios forestales de enero de 2025 en Los Ángeles fueron un evento inusual. "Los cambios en el uso del suelo a más largo plazo pueden reforzar este efecto: el abandono de las tierras agrícolas y la despoblación han ampliado la superficie forestal y han permitido que se acumule vegetación seca, aumentando el riesgo de incendio y haciendo que los paisajes sean más inflamables", avisan. A lo largo de las últimas tres décadas, el 58% de las pérdidas por fenómenos naturales se produjo entre julio y diciembre. Desde el centro de investigación de Swiss Re indican que el problema está en que la exposición sigue aumentando en zonas propensas a estos riesgos, especialmente, regiones costeras y en aquellas en las que los edificios o casas se construyen cerca de los bosques. "Las tendencias climáticas observadas y proyectadas se asocian a cambios en las características de los riesgos, tales como temporadas de incendios forestales más prolongadas, precipitaciones más intensas en algunas regiones y episodios de calor extremo más frecuentes", remarcan. En este sentido, calculan que podrían repercutir sobre el volumen de indemnizaciones y elevar los gastos por siniestros entre un 5 y un 7% a largo plazo. El Viejo Continente se calienta casi el doble de rápido que el resto del mundo, un fenómeno que puede tener "graves consecuencias", tal y como señalan desde el citado centro de investigación de Swiss Re. Estas declaraciones se producen después de la publicación de un informe de Munich Re en el que advierte de que el calentamiento global y El Niño constituyen una combinación "peligrosa". Ambas hacen hincapié en que esta conjunción de eventos empuja a la industria aseguradora hacia una nueva era de riesgos. Grosso modo, las aseguradoras coinciden en que atraviesan un punto de inflexión en el que es necesario redefinir el modelo de negocio y la estructura de capital de la compañía. Tradicionalmente, el seguro se ha centrado en compensar las pérdidas una vez que ha ocurrido el siniestro. Sin embargo, la estrategia ahora se dirige hacia modelos enfocados en la prevención y en la transferencia de los riesgos a través del reaseguro. Esta fórmula permite que las aseguradoras 'cedan' parte de sus riesgos a otras entidades especializadas para garantizar así la continuidad de la cobertura. El Foro Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) propone en el informe titulado 'Adaptación Climática en el Sector Seguros: prevención y reducción de riesgos', que se tenga en cuenta la implementación de medidas como la adaptación del precio basada en riesgos, la implementación de seguros paramétricos -pólizas que pagan una cantidad de dinero de forma automática cuando sucede un incidente- o la promoción de mejores técnicas de reconstrucción y rehabilitación tras un siniestro.