0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEstos últimos días, la angustia que generan niños y adultos malviviendo en Ceuta no puede ocultar otros problemas que la crisis migratoria ha puesto de relieve, en particular la insuficiencia de la respuesta de la UE. Aunque formalmente solidaria, tiene lugar en el contexto de la oposición a la regularización de la inmigración en España por parte, entre otros países, de Italia, Alemania o Suecia. Por ello, ya no sorprende que Meloni haya suspendido Schengen, que España haya respondido, que el Parlamento danés tome posición sobre la inmigración española o que el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, por detrás de la oposición en las encuestas electorales para el 2027, eleve el tono de sus críticas a España.Además, dado que lo relevante de estas disputas son argumentos políticos de consumo interno, se utilizan medias verdades para reforzarlas. Así, no es cierto que Schengen esté en riesgo: Ceuta tiene un régimen especial que obliga, para entrar en la Península, a presentar el pasaporte; tampoco lo es que la regularización aquí abra la puerta a la UE: da derecho a residir y trabajar en España, pero no en el resto de la Unión; ni que solo se haya aplicado en España: el sistema de Meloni de permisos de trabajo para residentes de un listado de países se parece mucho al español (los 500.000 permisos de 2022-25 se concedieron, mayoritariamente, a irregulares que ya residían en Italia); finalmente, no es razonable comparar la inmigración sueca con la española, porque obedece a motivos muy distintos: mientras el motor de las entradas de inmigración en Suecia ha sido el asilo, los inmigrantes en España lo son básicamente por motivos laborales hoy y para garantizar pensiones y dependencia mañana.Lo que ha pasado en Ceuta vuelve a mostrar que la Unión Europea se deshilacha cada día másLo anterior nos lleva al núcleo del problema que la crisis ceutí ha vuelto a poner de relieve. Y que no es otro que el dominio de los intereses nacionales y los partidismos en la gobernanza de la UE, reflejo de un proyecto político agotado e incapaz de aunar voluntades y que muestra sus limitaciones a la que una crisis golpea. Hay quien pensará que esa situación no es tan grave: la venimos arrastrando desde hace más de dos décadas y la UE continua ahí. Cierto. Pero no se confundan: la Unión existe solo a retazos (moneda, BCE, parte del mercado único, Schengen…) y no dispone de los mecanismos para solucionar crisis económico-sociales serias que exigirían una unidad política imposible.Nuestra Europa no está preparada para estos tiempos turbulentos: es un sueño que quizás pudo ser y no es, y lo acaecido en Ceuta vuelve a mostrar que se deshilacha cada día más. Por ello, cuanto antes erradiquemos de nuestro manual de crisis esa infantil concepción de una Unión que nos rescatará en momentos difíciles, mejor preparados estaremos. No busquen fuera soluciones imposibles. Lastimosamente, no hay más cera que la que arde.