La capacidad de politizar absolutamente todo lo que ocurre en este país es verdaderamente inaudita y la verdad es que bastante admirable. Pero reconozco que politizar un eclipse total no lo vi venir. Llamadme ingenua. Leía estos días en un medio de derechas un editorial que sostenía que el Gobierno había aprovechado el eclipse para lanzar informaciones y mensajes con la intención de que los ciudadanos se olvidasen de la corrupción y tuvieran más difícil enterarse de lo que ocurre en Ceuta. En la operación de distracción participaba hasta la DGT con sus paneles luminosos recomendando no mirar directamente al Sol mientras se conducía. Eso decían. ¿A quién se le ocurre advertir a los conductores de que no contemplen un eclipse mientras circulan a 120 kilómetros por hora pudiendo utilizar esos paneles para hablar de Marlaska?
Lo de impedir que los españoles se enterasen de lo que sucede en Ceuta presentaba además ciertas dificultades logísticas, teniendo en cuenta que las noticias sobre lo que allí pasa se emiten las veinticuatro horas y las tertulias televisivas dedican horas al asunto. Pero en el ecosistema de la conspiración tiene la extraordinaria ventaja de que ninguna prueba puede refutar la teoría porque toda prueba en contra pasa inmediatamente a formar parte de la teoría. Me explico. Si el Gobierno habla del eclipse es que quiere distraerte. Si no hubiese hablado es que quería ocultarte algo. Si los expertos recomendaban gafas homologadas es que pretendían aborregarte. Si no lo hubiesen hecho y alguien hubiese sufrido lesiones oculares hubiesen exigido dimisiones de inmediato. Vamos, es un sistema intelectual perfecto porque no existe acontecimiento posible capaz de derrotarlo.













