Cada primavera, cuando la nieve comenzaba a retirarse del Pirineo, miles de ovejas emprendían un viaje que llevaba siglos repitiéndose. Durante días recorrían decenas de kilómetros por las cabañeras aragonesas, acompañadas por los pastores y sus perros, hasta alcanzar los pastos de montaña. Allí pasarían el verano. En otoño, el camino se hacía a la inversa. Aquellos desplazamientos no solo alimentaban al ganado; también modelaban el paisaje, mantenían abiertos los montes y conectaban pueblos separados por cientos de kilómetros. Hoy, en muchos de aquellos caminos, el silencio ha robado el protagonismo al característico sonido de los cencerros.

La reciente petición de Ecologistas en Acción para que el Gobierno central apruebe la Red Nacional de Vías Pecuarias vuelve a poner el foco sobre un patrimonio que en Aragón tiene una dimensión extraordinaria: casi 13.500 kilómetros de vías pecuarias identificadas, de las que unas 11.000 ya han sido clasificadas, lo que supone cerca de 47.000 hectáreas de dominio público.

Sin embargo, la red sigue lejos de estar plenamente protegida. Según los datos oficiales del Gobierno de Aragón recopilados en el diagnóstico del Plan Forestal y actualizados por la Red PAC, poco más de la mitad de los municipios aragoneses cuentan con el proyecto de clasificación aprobado, o lo que es lo mismo: Alrededor del 43% de los municipios siguen sin completar la clasificación.