NoticiaLos afectados piden a la comunidad sangileña poder ayudar de alguna forma para levantarse. Todas sus paredes se cayeron. Tereemoto- Familia santandereana Foto: ARCHIVO PARTICULARPERIODISTA13.08.2026 18:20 Actualizado: 13.08.2026 18:20
Una familia santandereana oriunda de San Gil fue una de las más golpeadas en Pereira por el terremoto de magnitud 7.4 que sacudió al país.Yeny Gualdrón relató a EL TIEMPO que su padre perdió por completo su vivienda, la cual quedó inhabitable. Sin embargo, deben permanecer afuera para evitar que les roben lo poco que quedó.Familia Gualdrón Reyes Foto:Suministrada a EL TIEMPOLas paredes colapsaron y el inmueble quedó agrietado. En un video, Luis Alfredo Gualdrón Reyes, uno de los hermanos describe la situación.“Vinimos a Pereira a buscar un mejor futuro, pero por cosas de la naturaleza así quedó nuestra casa. Algunas pertenencias logramos sacar, otras se perdieron, se fueron al abismo. Pedimos a la gente de San Gil que nos ayude, esto es una muestra de cómo quedó lo poquito que se logró construir”.La tragedia no solo afectó la vivienda del padre de Yeny. Sus dos hermanas también quedaron sin techo. Tereemoto- Familia santandereana Foto:ARCHIVO PARTICULARMarcia, residente en el corregimiento de Arabia, perdió su finca; mientras que Milena, en el casco urbano de Pereira, debe demoler su casa porque las estructuras comenzaron a ceder y representan un riesgo.“Mi papá perdió su casa, perdió todo. Mi hermana Marcia también, ella vive en Arabia, y mi hermana Milena tiene que demoler su vivienda porque no se puede habitar”, explicó Yeny.Actualmente, la familia recibe ayuda para alimentarse y recuperar algunos enseres básicos. “Hay que demolerlas, están durmiendo fuera de la casa. No pueden irse porque los ladrones están aprovechando para meterse y robar. Mi hermano y mi papá duermen en unas colchonetas que les prestaron”, añadió.La familia solicita kits de aseo, alimentos no perecederos como atún y arroz, además de colchonetas y cobijas. Aunque vecinos y conocidos de San Gil han colaborado, Yeny reconoce que levantarse de un día para otro no ha sido fácil.













