Actualizado Jueves,

agosto

19:01Mezclar requiere, cuanto menos, precisi�n. Desde el pupurr� al maridaje pasando por una simple boda, unir dos elementos que en principio puede que no coincidan ni en algo tan b�sico y biol�gico como el g�nero puede acabar en el m�s glorioso de los �xitos o en un simple e incomprensible fracaso. Pensemos en el mel�n con jam�n. Nadie habr�a esperado nada de una combinaci�n de elementos tan err�ticos y, sin embargo, ah� est�. Sigue sin quedar claro si hay que celebrarlo o todo lo contrario, pero el caso es que no se baja del men� de verano. El final de Oak Street no es tan radical, pero algo de melonar tiene. En alg�n momento, a David Robert Mitchell, a un amigo suyo o a un productor con iniciativa se le ocurri� que podr�a ser buena idea combinar Parque Jur�sico, Jumanji,Stranger Things y buena parte del cine de Brian de Palma con su afici�n a enfocar en el mismo plano lo muy cercano y lo muy lejano. Cuesta (y marea) imaginarse la tormenta de ideas de la que surgi� el proyecto, pero, sin duda, merece una pel�cula antes incluso que la propia pel�cula.La intenci�n, imaginamos, consiste en desconcertar. Y lo logra. Lo que es bueno, pero no tanto como parece creer el director. De entrada, se entiende mal que un director como David Robert Mitchell, responsable de pel�culas como la obra maestra del terror moderno It follows, al lado del exuberante y polif�nico retrato noir de Los �ngeles Lo que esconde Silver Lake, se lance a esta incursi�n ca�da del cielo entre blanca y gore (va a oleadas) en el cine familiar, en el blockbuster para todos, pero, a la vez, muy consciente de s� mismo. Popular, pero sin que se note, que mancha. De autor, pero sin ofender a los despistados, que se van r�pido.El final de Oak Street cuenta el viaje en el tiempo de un barrio entero de un suburbio estadounidense desde los muy conservadores a�os 80 a un cret�cico (o jur�sico) plagado de, evidentemente, dinosaurios. Como met�fora del reaganismo que a�n dura podr�a funcionar incluso. Tambi�n se cuentan m�s cosas. Es m�s, si se quiere remar a favor, podr�a decirse que todo el aparatoso artificio de la cinta no es m�s que una extravagante excusa para describir los azares de una familia en crisis. Eso o una manera de dibujar las formas monstruosas del patriarcado cuando se le deja solo. Eso o simplemente un divertimento para amigotes. El problema es la indefinici�n o el miedo o la indefinici�n por culpa del miedo. La pel�cula se niega a renunciar a nada y se mantiene en todo momento en un poco comprensible terreno de nadie. Ni tan salvaje, err�tica y desprejuiciada como promete (pensemos, por ejemplo y por reciente, en Buena suerte, p�salo bien, no mueras, de Gore Verbinski), ni tan afinada y emotiva como cualesquiera de las pel�culas de Spielberg citadas, parodiadas o masajeadas.La propuesta de David Robert Mitchell consiste en ir ofreciendo posibilidades de pel�cula a medida que avanza la narraci�n. Por momentos, es drama familiar; a ratos, fantas�a pura; cuando quiere, cine de terror (brillante la escena de la serpiente gigante, por cierto), y todo ello sin renunciar al humor. Qu� ser�a de nosotros sin unos cuantos chistes de cacas de brontosaurios y otros cuantos de polvos (s�, de polvos) de los mismos brontosaurios de antes. Hay que reconocer, eso s�, que el final, dejado ah�, sin explicaci�n alguna, gusta. Y mucho. Lo mejor, sin duda.Por apurar la met�fora de arriba, unas veces se come mel�n y otras, jam�n, pero nunca a la vez. Y sin maridaje el premio es menor. A la espera de una explicaci�n razonable para el �xito del mel�n con jam�n, queda claro que mezclar exige, cuanto menos, pulso, precisi�n y un productor sobrio.--Director: David Robert Mitchell. Int�rpretes: Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella. Duraci�n: 100 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.