Hay quienes nacen con una vocación y otros a los que la vocación les encuentra por el camino. Este segundo caso sería el de Nadia Blagorodnova (Pójvistnevo, Rusia, 1984). Ingeniera informática, acabó aparcando -aunque no del todo- los ordenadores para fijar su vista en las estrellas. Investigadora del Instituto de Ciencias del Cosmos de la Universitat de Barcelona, sus estudios sobre supernovas o fusiones estelares le han valido el Premi Nacional de Recerca al Talent Jove 2025, compartido con la investigadora Katherine Villa Gómez.Usted se graduó en ingeniería informática. Pero un buen día entró a trabajar en el proyecto Gaia de la ESA y, con el tiempo, acabó doctorándose en astronomía. ¿Qué fue lo que le atrapó?Que cada día, al levantarme, empezaba a hacer algo que me gustaba. Estaba contenta por el hecho de poder explorar y aprender a diario cosas nuevas. Es un trabajo en el que nunca dejo de aprender, y eso me encanta. Entré en el proyecto como ingeniera y vi que tenía que testear científicamente alguno de los software, y para hacerlo bien necesitaba un conocimiento base de la ciencia. De ahí que hiciera primero un master en astrofísica. Luego no tenía claro si hacer el doctorado, pero en una escuela de verano realicé un curso de astroestadística y me di cuenta de que podía unir ciertos aspectos de la informática y la computación con la exploración astronómica.Qué hay de cierto en la aseveración que reza que somos polvo de estrellas.Es absolutamente cierta. Nuestros cuerpos están formados por elementos más pesados que los que se sintetizaron durante el Big Bang, tales como carbono, nitrógeno, oxigeno… Incluso tenemos hierro en la sangre, que es un elemento mucho más pesado. Y esto no ha salido de la nada. Todos estos elementos se han tenido que sintetizar durante millones de años en los interiores de estrellas a través de la fusión nuclear, o a través de explosiones estelares muy energéticas llamadas supernovas.Usted incluye el matiz de que somos polvo de estrellas, sí, pero sobre todo binarias.Exacto. Nuestros cuerpos contienen elementos pesados como el hierro. Las estrellas masivas (más de ocho masas solares) acaban explosionando, pero su corazón de hierro colapsa en forma de agujero negro o estrella de neutrones, por lo que ese hierro queda aprisionado en ese objeto compacto. Lo que se necesita son dos estrellas más pequeñas (menos masivas), llamadas enanas blancas, que tienen un cuerpo de carbono y oxígeno. A través de emisiones de ondas gravitacionales o transferencia de masa se aproximan mucho la una a la otra hasta que se produce una explosión termonuclear, convirtiendo el carbono y el oxígeno en hierro, que se acabará expandiendo, enfriando y creando polvo estelar. Y eso una estrella sola no puede hacerlo.Si formamos parte de las estrellas, tiene sentido estudiarlas: cuanto más las conozcamos, más sabremos de nosotros.Un poco sí. Somos producto de procesos de millones de años acaecidos en el universo, y no solo nosotros, también nuestro planeta, que tiene un corazón de níquel y hierro, muy importante para los campos magnéticos, que evitan que la radiación cósmica de altas energías nos deje fritos. Todo esto ha sido posible gracias a la nucleosíntesis [fabricación de nuevos elementos químicos a partir de otros más ligeros mediante reacciones nucleares en su interior] en estrellas y estrellas binarias. No podemos entender el universo solo con estrellas únicas. Para comprenderlo, las binarias son esenciales para determinar formaciones estelares, nucleosíntesis, evolución de galaxias, los vientos que generan las supernovas, que compactan material anterior que forma estrellas nuevas…Procedente de su Rusia natal, Blagorodnova llegó a Catalunya con 9 años junto a su familia LV / Llibert TeixidoY cuánto más conozcamos a las estrellas, más sabremos de los planetas, que surgen de ellas.Correcto. Todo el material más pesado acaba formando planetas más rocosos cercanos a la estrella. A su vez, también se pueden formar planetas gaseosos. Todo este proceso es esencial para la formación planetaria.Como nosotros, se puede decir que las estrellas nacen, se desarrollan, entran en la edad adulta y acaban, por decirlo de alguna manera, muriendo también.Es así. Una de las cosas que estudio es la fusión de estrellas. Es como un matrimonio. Dos estrellas nacen, se transfieren masa, se aproximan y después tienen una fusión de la que nace un bebé, que es una estrella nueva que tiene la composición química (como el material genético) de sus dos progenitoras.Estudiar el cielo, ¿nos ayuda a progresar como especie?Creo que sí. Nos ayuda a poner las cosas en perspectiva. Pensamos muchas veces que la astronomía no tiene nada que ver con nuestra vida, pero si reflexionamos más, nos damos cuenta de que no es así. Por ejemplo, nuestro día tiene 24 horas, que es la rotación de nuestro planeta. Medimos nuestra edad en años, que es una vuelta al Sol. Nuestros ojos ven el óptico, que es el pico de emisión de la radiación de nuestro Sol. Es decir, nuestros ojos están adaptados para detectar precisamente el tipo de luz que el Sol emite con mayor intensidad. Cuando vamos a la playa nos ponemos crema porque la luz ultravioleta, de ondas más cortas, nos quema la piel. La luz infrarroja nos calienta cuando nos entra por la ventana.La astronomía está tan integrada en nuestras vidas que ni nos damos cuenta.Estudiarla es el paso para no dar las cosas por establecidas, sino preguntarnos el porqué de ellas. Esto nos ayuda a saber quiénes somos y cómo aparecimos como especie. También da valor. Quiero decir que cuando estudiamos los sistemas exoplanetarios externos [los que orbitan una estrella distinta al Sol] te das cuenta que seguramente no son aptos para la vida, y eso hace que seas consciente de cómo de importante y frágil es nuestro planeta Tierra.Ustedes usan telescopios muy potentes para llevar a cabo sus investigaciones. Son como ventanas que nos trasportan al pasado, ¿verdad? Quiero decir, nos permiten ver cosas que han sucedido hace mucho tiempo.Especialmente telescopios como el James Webb, capaz de detectar luz infrarroja, parte del espectro electromagnético que nuestros ojos no pueden ver. Esta es la luz que fue emitida por el universo más primigenio. Cuando nos llega a nosotros nos está explicando la historia de nuestro pasado. Es decir, cómo era el universo pocos cientos de millones de años después de haberse formado. Y vemos cosas que ya existían en aquel momento: supernovas, galaxias muy masivas, mucho polvo… cosas que pensábamos que no existirían tan pronto, pero que sin embargo estaban ahí. Licenciado en Periodismo por la UAB, trabaja en La Vanguardia desde el 2010. Actualmente, en la sección de Sociedad, donde escribe sobre salud, ciencia o educación. Antes había trabajado en la Cadena Ser y COM Ràdio. jfita@lavanguardia.es