Javier Negre ya no es aquel reportero al que se le encargaban los trabajos que nadie quería o se atrevía a hacer, esos que rozaban o traspasaban los códigos básicos del periodismo. Por ejemplo, subir a casa de una víctima de violencia de género haciéndose pasar por un amigo ante los padres y escribir mensajes “rayando la coacción” (motivo por el cual fue condenado él y El Mundo en 2019).

Como se autodefine, es un “empresario” de medios que incluso ha “puesto en riesgo su vida” para defender a las sociedades y políticos de ultraderecha frente a los “narcopresidentes” y el “comunismo”. Algunos de sus admirados están ganando gobiernos en América Latina, de Milei a De la Espriella, en cuya toma de posesión Negre se hizo una foto con el rey (y viceversa, que es lo preocupante).