OpiniónEl terremoto puso a prueba la solidez de la arquitectura institucional del país para enfrentar una emergencia de esta magnitud.PROFESOR TITULAR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL12.08.2026 22:01 Actualizado: 12.08.2026 22:01 El gobierno de Abelardo De La Espriella arrancó con una dura prueba. Manejar la crisis desatada por un terremoto que deja cerca de 200 muertos, más de 1.600 heridos y un número no establecido de estructuras colapsadas. Y lo tuvo que hacer en la peor de las coyunturas: el gobierno saliente, que, en su propósito de paralizar la llegada del entrante, sacó a los directivos de las entidades y ordenó no renovar la contratación del personal que se necesitara para la prestación de los servicios. No importó la naturaleza del servicio ni tampoco la exigencia de continuidad que debiera requerir.Como si se tratara de una prueba de la naturaleza frente a semejante muestra de irracionalidad, un terremoto de 7,4 grados en la escala de Richter no solo puso a prueba la solidez de la arquitectura institucional del país para enfrentar una emergencia de esta magnitud, sino que le hizo saber al equipo entrante lo compleja y angustiante que puede llegar a ser la tarea de gobierno. Para comenzar, el evento sorprendió a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), eje del sistema nacional en la materia (creado por la Ley 1523 de 2012), con apenas el 20 % de su capacidad para atender semejante situación. La salida de los altos directivos, así como de los funcionarios claves en el enlace con gobernaciones y alcaldías, dejó a la entidad sin los medios para tener la información requerida para tomar las decisiones del caso.Sin haber cumplido las primeras 100 horas de gobierno, el nuevo equipo debió enfrentar la crisis sin tener la información disponible. Sin embargo, la experiencia de algunos de los nuevos funcionarios, así como la capacidad de respuesta de los gobernadores y alcaldes y, sobre todo, el conocimiento acumulado en los equipos departamentales y locales de trabajo de las zonas afectadas, ha permitido orientar la acción del Gobierno Nacional en la atención del desastre. La decisión presidencial de asumir el control de la situación, así como el desplazamiento de los ministros y altos funcionarios a los territorios más afectados con la instrucción de instalar puestos de mando unificado, ha permitido convertir lo que era una dispersión de una multitud de entidades, niveles de gobierno y voluntades ciudadanas en una sola línea de mando reconocible por todos.Sin haber cumplido las primeras 100 horas de gobierno, el nuevo equipo debió enfrentar la crisis sin tener la información disponible.Es la ventaja de contar con una arquitectura institucional que establece las instancias de dirección, coordinación y ejecución de las operaciones en situaciones como las que se están viviendo. No solo le permite aprovechar las 23 unidades de búsqueda y rescate urbano (Usar) que tiene disponibles (el mayor número en el mundo, el doble de las que tienen países como Chile, Francia o Turquía). Son más de mil personas y pertenecen a las siete entidades operativas del sistema: la Cruz Roja Colombiana, la Defensa Civil, los cuerpos de Bomberos, la Armada Nacional, el Ejército Nacional, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional, a través de su grupo especializado Ponalsar. También hace posible racionalizar de la mejor manera posible las ayudas que llegan del exterior.No obstante, el sistema para que funcione a todo vapor requiere de un principio fundamental: la calidad de la intervención depende de la calidad de la información. Y en ese frente todavía el sistema tiene porosidades como las que se están evidenciando con la manera como ha ido evolucionando el desastre. Son señales que, por fortuna, el Gobierno Nacional y los gobiernos territoriales están teniendo que enfrentar y sin duda se van a resolver.Estamos en un momento en que las víctimas de la tragedia tienen unido a todo el país en torno del objetivo de superar el desastre. Es cierto que habrá situaciones en las que, como en la caída del edificio de Medicina Legal en Cali, así como porción todavía no bien determinada de afectación en los puntos de dispensación de medicamentos en la misma ciudad, se hará más difícil la labor de reconocimiento de las víctimas y aumentará la presión social por una solución pronta. Habrá que confiar en las autoridades nacionales y territoriales. De esta vamos a salir bien.* Profesor titular de la Facultad de Ingeniería, Universidad Nacional Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. 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La prueba más dura de todas
El terremoto puso a prueba la solidez de la arquitectura institucional del país para enfrentar una emergencia de esta magnitud.











