Detrás de cada vuelo hay jornadas con horarios cambiantes, madrugadas, cambios de presión y largas horas lejos de la familia.Así lo cuenta Claudia Cuerdo, tripulante de cabina que comparte en sus redes sociales cómo es realmente la vida de una azafata. A través de sus publicaciones, revela los aspectos menos conocidos de una profesión que exige una gran capacidad de adaptación, resistencia física y paciencia.Uno de los mayores desafíos, asegura, son los horarios irregulares. Mientras la mayoría disfruta de fines de semana, vacaciones o celebraciones familiares, quienes trabajan como tripulantes muchas veces deben estar en pleno servicio.“Los horarios son el mayor problema: vas a trabajar en festivos y en vacaciones mientras el resto del mundo tiene fiesta. Lo que más rabia te da es perderte ocasiones especiales como Navidades y cumpleaños de tus seres queridos y eso fastidia”, explica.A eso se suman los madrugones constantes. En su caso, hay días en los que debe levantarse a las tres de la mañana para comenzar la jornada apenas dos horas después.“La realidad de los madrugones es que por las tardes no hago nada porque estoy reventada, y por eso, siempre que se puede, pido hacer turnos de tardes”, reconoce.No obstante, también encuentra un lado positivo en esos horarios extremos. “Lo único bueno de salir tan temprano es que no hay nadie en la carretera, entonces no hay tráfico”, agrega.Aunque muchas personas piensan que terminar un turno por la mañana significa tener toda la tarde libre, la realidad suele ser distinta. El cansancio acumulado hace que buena parte del tiempo restante se destine simplemente a descansar.Por ese motivo, Claudia prefiere trabajar durante la tarde, ya que puede aprovechar las mañanas para desayunar con tranquilidad, hacer ejercicio y prepararse sin prisas antes de comenzar el servicio.La presión del avión también afecta al cuerpoOtro de los aspectos menos visibles del trabajo es el ambiente dentro de la cabina. La baja humedad hace que la piel, las manos y los labios se resequen con facilidad. “Tienes que estar constantemente echándote crema, vaselina, además de beber mucha agua porque te secas como una pasa”, comenta.Sin embargo, uno de los riesgos más importantes tiene que ver con los cambios de presión durante el vuelo, especialmente cuando una persona está resfriada.“El tema del resfriado es lo que tenemos que tener cuidado. Si estás congestionada, el cambio de presión puede afectar a la trompa de Eustaquio, te duelen muchísimo los oídos y eso puede ser peligro, porque incluso te puedes quedar sorda”, advierte.Por ese motivo, muchos tripulantes extreman los cuidados cuando presentan síntomas de congestión nasal o problemas respiratorios antes de volar.Los pasajeros, lo mejor y lo más difícil del trabajoLa relación con los pasajeros también representa uno de los mayores retos de la profesión. A lo largo de una jornada, un tripulante puede atender a cientos de personas, cada una con necesidades, estados de ánimo y comportamientos diferentes.Claudia reconoce que mantener la calma forma parte del trabajo, incluso cuando algunos viajeros no muestran la misma educación.“Los pasajeros son lo mejor y lo peor. Tienes que tener mucha paciencia y educación; no puedes responder de cualquier modo. Tienes que siempre resolver sus problemas, aunque no estén siendo amables contigo, y eso a veces te puede sacar un poco de quicio, pero si algo te enseña este trabajo es paciencia”, afirma.A pesar de esas situaciones, asegura que también vive momentos muy gratificantes. Algunos pasajeros agradecen especialmente el trabajo de la tripulación e incluso le han regalado pequeños detalles durante los vuelos.