0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial¿Está bien aprovechar las dos horas del tren para hacer llamadas? ¿Está permitido quitarse los zapatos en el avión?, ¿y echar el respaldo del asiento para atrás en clase turista? En verano, como en cualquier otra estación el primer mandamiento es molestar lo menos posible. Hacer del trayecto una experiencia agradable y con pocas fricciones. No ponerse estupendo y no exigir más allá de sus derechos como viajero. Que si queda algo no sea un mal recuerdo.Que usted no viaje en el vagón del silencio no le autoriza a hacer ruido. Hay una diferencia entre contestar una llamada puntual y pasarse las dos horas y media del viaje planificando una boda con el altavoz a todo volumen o reproduciendo una serie sin audífonos. El resto de los pasajeros no necesita compartir las angustias de su Wedding Planner ni saber cuál es su serie favorita este verano. Desde aquí decidimos que los auriculares son buenos compañeros de viaje.El uso de auriculares puede ser mucho más cómodo tanto para quien los usa, como para quien va a su ladoIzabela HaburEn el avión echar el respaldo del asiento hacia atrás es su derecho, nadie lo duda, pero también es un asunto de sentido común. Si el viaje es corto y detrás va una persona muy alta que apenas tiene espacio para sus piernas es una señal de cortesía no quitarle aún más espacio por ir un poco más cómodo. Si están repartiendo la comida conviene que coloque el asiento en posición vertical, y esto sí la azafata seguramente se lo acabe pidiendo.Absténgase de leer por encima del hombro la pantalla de la persona que va a su lado. Los viajes pueden ser largos y aburridos. Lo sabemos. Y uno a veces se cansa y cae en la tentación, pero nunca hay que quedarse extasiado en la pantalla ajena o en el libro de la persona que va a su lado. Aunque no haya mala voluntad puede resultar incómodo y puede estropear lo que queda de viaje.Reglas habituales para la vida, estés o no de viajeNo se quite los zapatos y mantenga sus pies bajo control. Hay que viajar calzado, quizás la excepción sean los viajes muy largos en los que los pies se hinchan, pero no hay que llegar al AVE y descalzarse para un viaje de menos de tres horas. Entre la petición del secretario de Transporte de Estados Unidos de volver a vestir formalmente para viajar en avión (con lo que es la clase turista de algunas aerolíneas) y descalzarse, estirar los pies y subirlos al asiento de enfrente hay algo más que una delgada línea roja.No intervenga en otras conversaciones. Es una regla habitual para la vida, estés o no de viaje. Pero por un algún motivo se relaja en un tren o en un avión. Será la cercanía o la obligación de compartir varias horas en un espacio pequeño. El caso es que si no le han pedido su opinión no tienen por qué darla. Exactamente igual que cuando no está de viaje.Comer en un lugar compartido puede llegar a molestar a las personas de tu alrededor, sobre todo si huele muchoGetty ImagesLa comida con discreción. Ni que huela demasiado ni que haga mucho ruido. Una encuesta de Trainline, una compañía británica de trenes, reveló que la comida que olía demasiado provocaba la queja de casi el 30% de los viajeros. También hay que evitar comidas que puedan causar fuertes alergias en otros pasajeros. Por ejemplo, los cacahuetes, que suelen causar mucho daño incluso a distancia, a los alérgicos.No intente ganar espacio okupando parte de otro asiento con su equipaje. Las maletas tienen su sitio y no es el asiento contiguo ni el pasillo. A mucha gente puede costarle pedirte que retire el equipaje de donde lo ha puesto, y, según la encuesta de Trainline, éste es el comportamiento más molesto para un tercio de los pasajeros encuestados. Tampoco haga manspreading –ya sabe esa conducta mayoritariamente masculina de abrir las piernas para ocupar más espacio–, no monopolice los reposabrazos y deje espacio para la persona que viaja a su lado.Modere la ansiedad al llegar. Nadie acaba de entender muy bien porque, tanto en aviones como en trenes, la gente se levanta de su asiento nada más llegar como si le pusieran un resorte, aunque por megafonía se insista una y otra vez en que no se levanten de los asientos. Un comportamiento cívico sería no intentar adelantar su salida, no bloquear los pasillos y no convertir los últimos minutos de viaje en una especie de selva donde solo funciona el “Sálvese quien pueda”.