Con la llegada del verano, la temporada de vacaciones por excelencia, muchas personas visitarán pueblos o segundas residencias o se irán hacia la costa o las islas españolas; otros viajarán por Europa; y habrá quienes tengan billetes de vuelos de larga distancia. En 2024, casi 1.100 millones de pasajeros viajaron en avión en la Unión Europea; casi uno de cada tres lo hizo en rutas de 2.000 kilómetros o más, según Eurostat. Durante estos trayectos de duración extensa puede haber personas que no presten la suficiente atención a la salud y a la comodidad. La situación de inmovilidad en el asiento del avión durante un periodo prolongado de tiempo puede suponer desde síntomas más sutiles como pesadez en las piernas hasta otros más graves como una trombosis, en lo que se conoce como el síndrome de la clase turista. María del Campo Giménez, médica de familia y comunitaria y vicesecretaria de semFYC, explica que, cuando pasamos muchas horas sentados sin movernos, el cuerpo puede experimentar cambios que afectan a los sistemas circulatorio, el nervioso o cardiovascular, o a músculos y articulaciones. “Tras un vuelo, es bastante común sentir las piernas pesadas o algo hinchadas de manera temporal. Permanecer sentado durante muchas horas provoca que la sangre circule más despacio por las piernas y se pueda acumular líquido por el efecto de la gravedad”, explica la experta.Los casos más típicos de piernas pesadas o hinchadas son “hinchazón o edema en ambos tobillos o piernas; sensación de pesadez o rigidez; mejoría al mover las piernas y la piel de un color normal”, indica Del Campo Giménez. Por el contrario, una trombosis venosa profunda, que puede ser el resultado más extremo del síndrome de la clase turista y que además puede ocasionar un tromboembolismo pulmonar, se puede detectar por “hinchazón o edema en una pierna, dolor o sensibilidad especialmente en la pantorrilla, cambio de color de la piel y persistencia de sintomatología que no se modifica con el movimiento”, detalla.El peligro al volar en distancias largas existe, pero su riesgo absoluto estimado es de un caso por cada 4.656 y uno por cada 6.000 pasajeros de vuelos mayores de cuatro horas, según indican los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC). Aunque el viaje de larga distancia puede multiplicar el riesgo de tromboembolismo venoso entre dos y cuatro veces, la mayoría de casos (entre el 75% y el 99%) aparecen en personas con factores previos.Según indica la directora de la agencia de viajes Marest del Sur, Esther Muñoz, la gente hasta 35 años no suele preocuparse demasiado sobre el asiento del avión si el precio está bien, pero las personas con más edad sí que se fijan más: “Si, por ejemplo, es una compañía que no es de bajo coste, pero no hay tanto espacio entre las piernas; nosotros mismos somos los que les solemos decir que paguen un poco más. En los viajes de larga distancia eso se nota mucho”. Pero, ¿qué consejos son útiles para evitar que esto suceda?Levantarse y caminar periódicamente. Es una de las recomendaciones más importantes. En un vuelo de larga distancia es imprescindible no estar todo el tiempo sentado en el asiento. Siempre que se permita estar sin el cinturón de seguridad, lo recomendable es levantarse de manera periódica y caminar sin molestar al resto de pasajeros por el pasillo de la cabina. “Si vamos a estar sentados más de cuatro horas, hay que levantarse, aunque no queramos”, recomienda Muñoz. Por su parte, la doctora Del Campo Giménez pide “evitar permanecer completamente inmóvil durante horas”. Realizar ejercicios durante el vuelo. Ya sea sentados o de pie, deben hacerse leves estiramientos y ejercicios con los que activar el cuerpo. “Hay que flexionar y estirar los tobillos, realizar círculos con los pies, contraer y relajar los músculos de las pantorrillas, elevar alternativamente los talones y las puntas de los pies”, aconseja Del Campo Giménez. Evitar cruzar las piernas durante largos periodos. Durante las horas que se esté sentado en el asiento, ya sea porque lo obligue la tripulación o por voluntad, hay que mantenerse en una postura correcta y que no perjudique. Por tanto, es esencial no cruzar las piernas para evitar que se entumezcan y la sangre pueda circular con normalidad. Mantener una buena hidratación. La baja humedad de la cabina, que puede estar incluso entre el 10% y el 20%, es uno de los factores clave para entender la sed a bordo, así como la sensación de mucosas de labios y lengua secos y posibles problemas para viajeros que usan lentes de contacto, según indica la Autoridad de Aviación Civil del Reino Unido. “Hay que levantarse para ir al baño y beber muchísimo líquido dentro del avión, eso es fundamental”, avisa Muñoz. Asimismo, la ingesta de alcohol durante el trayecto debe evitarse lo máximo posible.Consultar con un médico el uso de las medias compresoras. En el caso de llevar preparado algo de material para el vuelo, Muñoz recomienda llevar una chaqueta porque “en los vuelos de larga distancia baja mucho la temperatura, sobre todo cuando es nocturno”. La doctora, por su parte, indica que aquellas personas con riesgo elevado deben consultar primero con un médico “sobre el uso de medias de compresión, o, en casos seleccionados, medicina preventiva”.Desde el punto de vista médico, los viajeros que tienen un mayor riesgo de presentar una trombosis venosa profunda pueden ser de distintos tipos. La doctora enumera los siguientes: “Personas con antecedentes, con familiares cercanos que hayan sufrido trombosis a edades tempranas o con trastornos hereditarios; quienes han pasado por una cirugía importante como cadera, rodilla, abdomen o pelvis; personas en tratamiento oncológico; embarazadas o en las semanas posteriores al parto; aquellos que toman anticonceptivos hormonales o terapia hormonal sustitutiva; personas con obesidad, edad avanzada, con inmovilización prolongada por lesión, enfermedad o escayolas; o con enfermedades crónicas como insuficiencia cardíaca o enfermedades inflamatorias”.En verano, el plan suele imaginarse a partir del destino: la playa, la ciudad nueva, el hotel reservado o el plan que llevamos ideado desde hace meses. Pero para aquellos que pasan varias horas sobrevolando urbes, campos, montañas o extensas zonas marinas, el trayecto también forma parte del viaje y requiere cierta atención. El síndrome de la clase turista nos recuerda que el cuerpo también debe estar en la lista de preparativos. De una manera sencilla se pueden reducir o evitar molestias e incluso problemas graves que pueden arruinar las vacaciones mucho antes de aterrizar.