El transporte público puede ser un lugar caluroso, ruidoso, abarrotado y estresante, y eso sin contar con la gente que lleva comida que huele fuerte, con una higiene cuestionable o con mochilas gigantes. La mayoría de nosotros conocemos las normas generales —aunque no todos las cumplimos— sobre dejar bajar primero a los pasajeros, no poner las bolsas en los asientos, dónde colocarse en las escaleras mecánicas y ceder el asiento a los mayores. Pero, ¿qué hay de las convenciones más imprecisas? ¿Cómo evitar a los pasajeros charlatanes? ¿O a los que ocupan demasiado espacio con las piernas? ¿Está bien a veces poner los pies en los asientos? (Spoiler: no lo está). Aquí, tres expertos en etiqueta nos enseñan cómo comportarnos correctamente en el transporte público.
Cómo utilizar los asientos
¿A quién debo ceder mi asiento?
En principio, la respuesta es sencilla: a cualquiera que lo necesite más que tú. “La realidad es más complicada”, afirma Rupert Wesson, director de la consultora sobre protocolo social Debrett’s, a la hora de determinar quién podría ser esa persona. Si se trata de un padre o una madre agobiado con un bebé o un niño pequeño, está claro. Pero, ¿esa mujer de allí está realmente embarazada? ¿Podría esa persona mayor sentirse ofendida al ser considerada demasiado frágil para estar de pie? “Nadie debería ofenderse por que le ofrezcan un asiento —es un gesto amable—, pero, no obstante, hay que actuar con cierta cautela”, dice Wesson. Valóralo bien y ofrécelo con discreción. “No lo conviertas en un espectáculo; simplemente intenta llamar la atención de esa persona. Puedes hacerlo sin decir nada”.







