Actualizado 08/08/2026 - 02:19h.
No son las más espectaculares, no se contonean por el pasillo como si el avión fuera un instituto de Massachusetts y no dominan los dialectos del mandarín. No tienen ese modo de despreciarte que tienen las inglesas ni la sonrisa-recurso de las asiáticas. De ... hecho, ni siquiera sonríen: las azafatas de Iberia viven en un estado superior de la materia, en una paradoja cuántica que las hace despreciar su 'potestas' para poner su hamaca en la 'autorictas' y dejar claro que sin uniforme te someterían igual, pero sin motivo. Lo hacen desde que te saludan, como lanzando un hechizo. Me temo que conocen el poder de su embrujo y, por eso, cuando te miran, es España la que te mira. La azafata ya no es solo una mujer: es tu madre, tu mujer y una exministra de Aznar, todas unidas para hacerte sentir insignificante y, a la vez, agradecido por el privilegio de compartir con ella el espacio a treinta mil pies de altura, todos ellos con pedicura. Como diría Luis Alberto, su nombre era el de todas las mujeres.
Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas
Azafatas
Iberia








