El acuerdo firmado por Turquía, Arabia Saudí y Pakistán hace una semana es una revolución geoestratégica en la región más tensa del mundo. La Alianza de La Meca pactada por los tres países establece una cláusula de defensa colectiva similar a la de la OTAN con vista a contrarrestar a Irán. Sin embargo, detrás de este tratado hay una nota para Estados Unidos, cuya reputación en el Golfo se ha visto mermada por la guerra emprendida por Donald Trump y Benjamín Netanyahu.El acuerdo suscrito por los mandatarios de los tres países pone en coalición a una potencia nuclear (Pakistán), a una nación rica en crudo y con gran músculo financiero (Arabia) y a una industria armamentística robusta que ya pertenece a otra alianza militar (Turquía). Los tres Estados acumulan más diferencias que semejanzas, pero implica un cambio del paradigma internacional en Oriente Medio.
Tanto desde el punto de vista cultural como étnico, Pakistán, Turquía y Arabia son tres naciones completamente diferentes, con desarrollos históricos distintos, modelos económicos independientes y relaciones diplomáticas que tradicionalmente habían sido contrapuestas. El nexo principal es la religión mayoritaria que comparten sus sociedades y sistemas políticos: el Islam de variante suní.












