La economía española crece a un ritmo veloz. El año pasado avanzó un 2,8%, el doble de la media de la eurozona, una marca lograda en gran parte gracias al empuje de la emigración. La mano de obra extranjera suma ya 3,45 millones de afiliados a la Seguridad Social (15,4% del total) y sobre sus espaldas recaen mayoritariamente empleos elementales de baja cualificación. De ahí que los trabajadores foráneos vean las 100.000 nuevas plazas de formación profesional anunciadas por el Gobierno como una oportunidad para subir, aunque sea un pequeño peldaño, en la empinada escala laboral.La afiliación extranjera sostiene sectores estratégicos como la agricultura, la construcción, la hostelería o los cuidados de personas. Durante el proceso de regularización extraordinaria que comenzó el pasado abril se han registrado 159.000 nuevos a afiliados a la Seguridad Social. El venezolano Remi Andrade es uno de ellos. Tiene 40 años y llegó a Zaragoza hace ocho meses. En su país trabajó de albañil, carpintero, soldador, fontanero y pintor. En España tuvo que avalar sus conocimientos con un certificado para poder acceder a un contrato en esta interminable batería de oficios. Era urgente. Necesitaba comenzar a ganar dinero y optó por cursos cortos. No podía esperar a las plazas de formación profesional prometidas por el Gobierno en junio. Este plan aspira a cubrir las necesidades del mercado laboral y favorecer la inclusión y el ascenso social de los extranjeros. Pero Andrade lo ve todavía como una quimera. Se trata, de momento, de 100.000 plazas invisibles. No hay detalles sobre cuándo saldrán las convocatorias ni la duración de los cursos ni los requisitos para inscribirse ni quién estará capacitado para impartirlos. Una portavoz del Ministerio de Educación ha asegurado a la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS que esperan lanzar la convocatoria “en las próximas semanas”. Lo que sí se sabe es su dotación económica: más de 150 millones de euros. Andrade llegó a España con su pareja y su hija el 9 de diciembre de 2025. No tenía trabajo ni la posibilidad de acceder a él. Se inscribió en un taller “de aprendices”, en el que se enseñan los clásicos oficios de mantenimiento y reformas: desde colgar cuadros y arreglar tuberías hasta cambiar grifos y purgar radiadores. Recibe 340 horas de formación en la fundación Accem para certificar su experiencia y trabajar de “manitas” en una compañía de seguros. Este es uno de los muchos cursos que ofrecen entidades privadas para hacer frente a una demanda desbordante. Otros talleres preparan a los trabajadores para afrontar la búsqueda de empleo y cómo actuar en una entrevista de recursos humanos. “¿A qué no les gusta trabajar en una empresa que hace malas prácticas?”, pregunta la instructora de la Fundación Altius. Con el aula llena, al curso Cómo superar una entrevista de trabajo asisten 21 inmigrantes. Toman nota atentos a los consejos. “¿Qué pensaría un entrevistador si pedís un adelanto?”, inquiere. “Aún no ha trabajado y ya está pidiendo dinero”, bromea entre las risas de los participantes.Las plazas, según el Ministerio de Educación, se centrarán en cubrir áreas productivas con dificultades para encontrar personal cualificado. Pivotarán sobre oficios relacionados con la electricidad, la mecánica o el turismo. Aunque la gestión formativa corresponde a las comunidades autónomas, de las consejerías consultadas solo Canarias ha confirmado que está a la espera de las decisiones del Ministerio sobre la creación de estas plazas. Castilla-La Mancha, Castilla y León, Murcia y Cantabria aseguran que no han recibido ninguna comunicación del Gobierno central. El resto de las administraciones consultadas no han respondido.Hamza El Ibrahimy, marroquí de 27 años, forma parte del millón largo de inmigrantes acogidos al proceso de regularización. Desde su país de origen viajó en avión hasta Turquía y desde allí caminó durante seis meses hasta llegar a España el 3 de octubre de 2025. Con la ayuda de un mapa recorrió más de 4.000 kilómetros en Europa. Desde Bulgaria cruzó los Balcanes, pasó por Italia y Francia hasta llegar a su destino. En julio terminó un curso de cocina de tres meses mientras hacía prácticas en dos restaurantes de Madrid. “Vine para construir mi futuro y ayudar a mi familia”, dice. También se ha decantado por cursos breves. Sabe que para acceder a un puesto de trabajo formal necesita profesionalizarse. En su país de origen no tenía ninguna titulación y desde que llegó a España ha empeñado el tiempo en formarse. Ha encadenado cursos gratuitos de coctelería, de camarero y de ayudante de cocina en organizaciones especializadas en la acogida de migrantes. Pero sabe que eso no es suficiente. Mientras sueña con la resolución favorable de su proceso de regularización, ya busca el próximo curso en el que inscribirse.Este proyecto formativo impulsado por el Gobierno es visto por la antropóloga e investigadora en migraciones Silvia Carrasco como una medida “muy positiva”, pero considera que la regularización funciona como un atajo. Critica que exista una bolsa de personas que trabajan en una situación “de desprotección absoluta y sin derechos”. Advierte de que la economía sumergida no puede sostener un país y el problema, apunta, está en sectores laborales que dependen mayoritariamente de mano de obra extranjera. Sobre los inmigrantes recae, mayoritariamente, cubrir las jubilaciones de la generación baby boomer (nacidos entre 1946-1964). Así lo señala el Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo publicado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) y BBVA Research en diciembre de 2025. La población extranjera se adapta mejor a las vacantes generadas por los nuevos pensionistas, mientras que los jóvenes españoles prefieren trabajar en sectores cualificados. Lo corrobora la trabajadora y educadora social Susana Marín, que asegura que España tiene una población envejecida, con pocos jóvenes y muchos puestos de trabajo por cubrir. La estadística da una idea del mapa laboral: De los 22,5 millones de afiliados a la Seguridad Social, 3,45 millones son trabajadores de otros países. Los inmigrantes se han hecho fuertes en la hostelería (31,5%), la agricultura (28,9%) y la construcción (25,9%). Pero si dominan un sector con contundencia ese es el sistema especial de los empleados del hogar (45,5%). La formación es una pieza clave para salir de este círculo y agarrar el ascensor social.
La FP, un pequeño peldaño de esperanza en la empinada escala laboral
El Gobierno lanza 100.000 plazas de Formación Profesional para que los trabajadores regularizados adquieran la cualificación que reclama el mercado








