NoticiaCon el teatro, mujeres, la mayoría por encima de los 70 años, rompen estereotipos en un lugar historicamente machista. Su historia, en documental.La compañía Queremos, Podemos estrenó el año pasado ‘La peluquería no se cierra’. Fue la última función de Teo (sentada, de saco azul), quien actúo hasta los 97 años. Foto: Tamara Arranz12.08.2026 06:01 Actualizado: 12.08.2026 06:01

Teófila Díaz , Teo, fue actriz durante 17 años y actuó hasta el día que murió. Pero eso no es lo novedoso. Lo realmente sorprendente es que su carrera comenzó a los 80 años y terminó recién cumplidos los 97, después de presentar la obra 'La peluquería no se cierra'.Teo era campesina, pastoreaba ovejas en su natal Valdemanco, un municipio de la Comunidad de Madrid (España), nunca fue al colegio y su vida estuvo dedicada al mundo rural. Fue a sus 80 años cuando encontró la verdadera vocación que disfrutó hasta sus últimos días: actuar. Por eso, cuando le preguntaban que cómo se definía, lo decía sin rodeos. “Soy actriz”. No lo decía solo porque se subiera a un escenario a interpretar un personaje, realmente, para ella la actuación no fue solo un oficio: “Con el teatro he vuelto a vivir”, repetía sin dudar. Como ella, muchas mujeres de Valdemanco —que no llega a los mil habitantes—, encontraron una razón y la mejor manera de vivir sus últimos años después de pensionadas, separadas, viudas, abuelas, solteras… “Soy la única casada y la única que tiene problemas”, confiesa Maria Luisa Rodrígez, Marisa, de 78 años, entre las risas de las amigas que conversan con EL TIEMPO a través de una videollamada. A Teo le hicieron un homenaje a sus 97 años, por ser la actriz más veterana de la compañía. Foto:Tamara ArranzLa compañía que integran, bautizada Queremos, Podemos, tiene casi 20 años y reúne a una docena de mujeres, la mayoría por encima de los 70, y un hombre de 80.El teatro ha sido el punto de encuentro de estas mujeres de diferentes personalidades, dolores, sueños e historias, que más allá de las tablas han consolidado una amistad unida por las ganas de no desaprovechar ningún instante de la vida.Sin ahondar mucho en su historia, María Luisa Marcos, la otra Marisa (80), cuenta que el teatro ha sido fundamental para sobrellevar la muerte de su hija, a la vez que dice que cuando siente que le viene la tristeza sale a buscar a alguna de sus amigas. Pero la voz y la expresión le cambian cuando recuerda cómo desde niña se miraba en el espejo representando algún personaje, sin imaginar que terminaría haciéndolo de verdad. Marisa y su hermana, Manuela Marcos, Manoli (80), salieron de Madrid a Valdemanco una vez jubiladas, con la idea de estar en un lugar tranquilo, pero allí encontraron más que eso. Se unieron al grupo donde conocieron, entre otras, a Amelia Martín, Meli (80), quien, como lo había hecho a lo largo de su vida, había emprendido una nueva aventura en el teatro, esta vez para quedarse. “Tuve un negocio durante 20 años. Lo he llevado yo sola, sin saber nada, sin haber estudiado”, cuenta orgullosa. Ahora, como todas sus amigas, no le teme a nada.Más allá de actuar, el teatro es un entrenamiento físico y mental permanente. Foto:Tamara ArranzEn contraste está Marisa Rodrígez, quien durante toda la vida se consideró tímida y miedosa de hablar en público: “Yo estaba muy metida en casa, casi no salía. Cuando me invitaron al teatro estaba cuidando a mis nietos y me negué porque, además, no creí que fuera capaz. Las primeras veces, solo ensayando, me daba una taquicardia que no podía, se me salía el corazón del pecho. Y, aunque algunas veces se me queda la mente en blanco, pues sigo adelante. Hoy ya no tengo ningún problema en decir lo que sea, no me da ninguna vergüenza hablar”. Hasta el pudor se les ha ido: “Es que ahora a mí me dicen que me tengo que quitar la ropa en el escenario, pues me la quito. ¡Vamos!, a ver, que no me importa”, comenta Meli sin vacilar.Marisa Rodríguez, Meli Martín, Marisa Marcos, Vanesa Valdemoros y Manoli Marcos. Foto:Queremos, podemosEl teatro, una actividad holísticaHacer teatro a los 60, 70, 80 y más años es algo que supera interpretar un personaje. En el caso de estas actrices, es el motor que las mueve a hacer muchas cosas más, a la vez que les ayuda a mantenerse activas, vitales y felices. Es decir, representa una herramienta de salud integral que abarca desde lo cognitivo, al obligarlas a memorizar textos complejos y ejercitar la mente para prevenir la pérdida de memoria, hasta lo físico, al ser una actividad que combina el movimiento corporal constante con el esfuerzo intelectual.En el plano espiritual y emocional, funciona como un espacio de catarsis que les permite ‘recargar pilas’ a la vez que las han llevado a perder el miedo a ser juzgadas. Para ellas, que en su mayoría no pasaron por la escuela, cada día es una nueva oportunidad que hay que aprovechar. Por ello, desde hace dos años varias se inscribieron al Centro de Educación de Personas Adultas y están aprendiendo lo que tuvieron que haber visto de niñas en la primaria. ¿Y ya para qué? “Pues, para no perder agilidad mental. Siempre he tenido facilidad para el cálculo matemático al ir a pagar a los sitios, y quiero mantener esa capacidad el mayor tiempo posible antes de que la edad me haga perder facultades”, afirma Manoli. En ese sentido coinciden en que la mente hay que ejercitarla y confiesan que uno de sus mayores temores es perder la memoria. Así que siguen aprendiendo, más por una satisfacción personal y por seguir sumando conocimientos que por un título. De ahí también que tengan un grupo de lectura, asistan a clases de gimnasia y se inventen paseos y excursiones con frecuencia.Aunque su experiencia la han vivido en esta población rural, están convencidas de que en cualquier parte del mundo personas como ellas pueden seguir su ejemplo. “Hay que moverse, hay que salir, no se pueden quedar tumbadas frente a la tele todo el día. A estas edades no se puede pensar en que ‘ya mañana lo haré’, dicen casi al unísono completándose las frases entre sí, y con la expectativa de seguir sumando obras a las 12 que ya tienen.La ficción y la lucha real, narradas en un documentalLa directora Vanesa Valdemoros se mudó a la Sierra Norte de Madrid tras la pandemia; allí escuchó hablar de un grupo de teatro de mujeres mayores en el pueblo vecino de Valdemanco y una mujer que a los 97 actuaba. Sintió que ahí había una historia, así que con la fotógrafa argentina Carolina Ferrero fue a conocerla: “Nos parecía muy interesante, aunque solo fuera para disfrutar de su sabiduría”. Meses después de costearlo con su propio trabajo y sus equipos técnicos, el proyecto recibió una ayuda del Ministerio de Igualdad de España para completar el rodaje. Carolina Ferrero, fotógrafa y asistende de dirección, Vanesa Valderemoros, directora, y Teo, actriz. Foto:Tamara ArranzA Valdemoros le impresionó ver de cerca lo difícil que era subirse a un escenario en un pueblo de menos de mil habitantes donde la infravaloración hacia las mujeres ha sido históricamente fuerte: “Algunos del pueblo, cuando hablaban de ellas, lo decían de manera despectiva, como si fueran a hacer un juego tonto”. Por eso insiste en que no es solo una historia de teatro: “Habla de edadismo, de mujeres mayores que se atreven, en un entorno rural, a romper estereotipos”. Esa conciencia, dice, la reconoce en cada integrante del grupo: mujeres que saben perfectamente qué significa —y qué visibilidad ganan con ello— subirse a un escenario a su edad y en este tipo de comunidad. Gracias a la mirada de la directora, el documental toca fibras del espectador al narrar la historia desde lo inspirador, lo positivo, lo alegre. En la ficción, la obra que ensayan cuenta la lucha de unas vecinas por impedir el cierre de su peluquería de barrio. A través de los ensayos se desvela la vida de cada mujer donde la edad toma un sentido de vitalidad, felicidad, aprendizaje, amistad. El documental habla de edadismo, de mujeres mayores que se atreven, en un entorno rural, a romper estereotipos”.vanesa valdemorosDirectora de 'La peluquería no se cierra'.Al tiempo que se rueda, surge un conflicto: conseguir una sala pública para presentarse. Esteban Hirschhorn, argentino que dirige al grupo hace unos ocho años, busca espacio cuando les niegan el teatro donde solían estrenar. es la otra historia del documental.El tráiler se puede ver www.instagram.com/lapeluquerianosecierra?utm_source=qr Sigue toda la información de Más Cincuenta en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.