Los estuches con pequeños botes transparentes rellenables son ya un clásico de las vacaciones, especialmente para quienes viajan en avión y no pueden pasarse de los 100 ml de seguridad estipulados. Pero ese traspaso tan cotidiano es en realidad un riesgo importante cuando se trata de protector solar.

“Los filtros solares están formulados específicamente para el envase al que van dirigidos”, afirma la farmacéutica especialista en medicina estética Mar Conesa. La eficacia de estos productos, explica la experta a elDiario.es, no reside únicamente en su composición, también influye su sistema de dosificación y el material de su envase original, que garantizan que el Factor de Protección Solar (SPF) prometido sea real. Además, existe riesgo de contaminación del producto con el cambio de recipiente si no está bien lavado o guarda humedad, lo que facilita la proliferación de microorganismos.

“Al final es un producto cosmético que todos los ensayos y pruebas a las que se ha sometido han sido hechas sobre un envase y una forma de dosificar concreta”, señala Conesa, lo que diferencia los protectores solares de una crema hidratante convencional. Tanto la boquilla como el difusor o el sistema airless están calculados para entregar la cantidad exacta de producto, según la farmacéutica: “Si tú cambias la forma de aplicar, estás cambiando la fórmula, y entonces se ve afectado el nivel de protección”.