12/08/2026 a las 09:12h.
Aceptar una vocación y convertirse en monja es una de las decisiones más difíciles que puede tomar una mujer en su vida. Sin embargo, esta todavía puede complicarse aún más, ya que la llamada de Dios puede llevar hasta un monasterio de clausura, lo que supone un cambio aún más brusco en la vida de esa persona.
Sin embargo, como dice el refrán, los caminos del Señor son inescrutables, y la historia puede hacerse todavía más inverosímil. Y es que esa monja que aceptó su destino, tras 25 años de clausura, podría decidir, por ejemplo, hacerse ermitaña. Eso fue lo que le pasó a Sor María del Mar, una monja cisterciense que tras recibir la llamada de Dios a los 18 años, decidió dar un giro brusco a su vida tras un cuarto de siglo «conviviendo en el mismo sitio y con las mismas personas», retirándose a una ermita de un pequeño pueblo de Aragón apartada de toda gran ciudad.
Sor Marimar, como la conocen sus nuevos vecinos, decidió cambiar su monasterio de vida cisterciense, orden religiosa de la Iglesia Católica fundada en 1098, por el calvario de Alloza, un municipio de poco más de 500 habitantes de la provincia de Teruel.
De monja cisterciense a ermitaña en Teruel








