Actualizado a las 11:59h.
Responder a la llamada de Dios puede ser una tarea complicada, especialmente si te pide que le sigas en la vida de clausura. La vida en comunidad, de oración y recogimiento, exige unas renuncias difíciles de aceptar para un joven que apenas conoce el regalo de la vocación. Al menos, así lo explica Sor Verónica.
Esta monja joven ha confesado que en un principio ella no estaba preparada para acoger la nueva vida que el Señor le proponía. «Me doy cuenta de que era un llamado de Dios porque ni siquiera yo me miraba como monja», cuenta en el podcast 'Rostros de fe'.
Su rutina parecía muy distinta a la de las monjas que veía en las películas: ella iba a la universidad, vivía con sus padres y tenía una ambición laboral como el resto de sus amigos de clase. Ese plan terrenal «era bueno» pero Dios le pidió dejarlo atrás por otro proyecto vital que le haría más feliz.
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