“Soy Giorgia. Soy una mujer, soy una madre, soy italiana, soy cristiana”. La frase con la que Meloni se hizo célebre en la campaña electoral de 2022 condensaba una fórmula precisa: encadenar identidad nacional, familiar y religiosa en una misma expresión para marcar diferencias con las nuevas identidades promocionadas por la izquierda. No necesitó moderar el discurso de la extrema derecha de la que provenía, el MSI, heredero del fascismo mussoliniano; logró algo más ambicioso: trasladar sus temas al centro de la conversación y articularlos desde una “nueva derecha” con vocación institucional.
Isabel Díaz Ayuso lleva años recorriendo un camino parecido, solo que en sentido inverso. Su comparecencia de este lunes lo volvió a confirmar. Había sido convocada para presentar ayudas a los ganaderos afectados por los incendios. Se anunció con apenas hora y media de antelación, sin permitir preguntas de los periodistas, y buena parte de la intervención acabó dedicada a Ceuta, Marruecos, Italia, Schengen y Pedro Sánchez. A nadie se le escapaba la intención: desviar la atención hacia la presión migratoria en la frontera y sus consecuencias, responsabilidad del Gobierno central. El mismo al que implicó unas semanas antes en la gestión de los incendios forestales en Madrid, una competencia del Ejecutivo autonómico, salvo que se eleve el problema a emergencia nacional.








