El general está en todas partes en este calurosísimo verano italiano. Incluso donde, aparentemente, no tiene nada que ver. La líder de los tories británicos, Kemi Badenoch, estuvo en Roma hace unos días y Giorgia Meloni le dio un consejo: “Sé tú misma y mantente firme”. The Times lo interpretó como una invitación a no aliarse con Reform UK de Nigel Farage, una lectura desmentida por el entorno de la primera ministra pero inmediatamente trasladada a la política italiana: mantener a distancia a Roberto Vannacci, el general retirado que ha fundado Futuro Nazionale para desafiar por la derecha al Gobierno. Desde hace unos meses, quizá con cierta exageración, casi cada movimiento de la primera ministra y de los partidos que la sostienen —incluida la reciente decisión de restablecer controles fronterizos a las llegadas desde España— es interpretado también desde esta perspectiva: contener el crecimiento del general. Por ahora no lo han conseguido. La última Supermedia de YouTrend antes del parón estival situaba a Futuro Nazionale en el 7,1%, por delante de la Liga de Matteo Salvini, en el 5,9%, y a menos de un punto de Forza Italia, con el 8%. Son cifras que, aunque puedan reducirse en las urnas por efecto del voto útil, serán difíciles de ignorar.En 2027 habrá elecciones generales —en primavera si se adelantan o en otoño si la legislatura llega a su término natural— y entonces Meloni tendrá que decidir qué hacer con él. La reforma electoral ya aprobada por la Cámara y ahora en el Senado prevé un premio de escaños para la coalición que supere el 42%: una razón más para no despreciar ese 7% de Vannacci.Mientras los demás líderes políticos han pasado las vacaciones haciendo cálculos, Vannacci ha desplegado una ofensiva mediática desbordante, hecha de ocurrencias propagandísticas pero acompañada también por el intento de construir una organización territorial y presentar un programa capaz de ir más allá de los eslóganes de un partido que hasta ahora había girado casi por completo alrededor de las provocaciones de su fundador.Las propuestasEl programa propone “remigración”, fuertes restricciones al aborto y que los padres puedan votar también por sus hijos menoresEl exmilitar reivindica cada vez más un imaginario de fuerza, disciplina y virilidad con evidentes ecos de la retórica fascista. Al grito de “templar mente y cuerpo”, organizó en julio en Sanremo un “triatlón futurista”, con ciclismo, carrera y natación en el mar. La participación fue muy modesta, pero el rendimiento mediático resultó bastante mejor: el general pedaleó con sus militantes por el paseo marítimo, se quitó la ropa en directo ante las cámaras, se quedó en bañador y se lanzó al agua. “Mens sana in corpore sano”, explicó: el deporte enseña disciplina, sacrificio y competición y, según su particular pedagogía, evita además que los jóvenes se conviertan en “maranza”, como se denomina en Italia a los integrantes de ciertas pandillas juveniles. La imagen del exgeneral en bañador, rodeado de simpatizantes y cámaras, se ha convertido así en una parte más de la puesta en escena del nuevo partido.El único que ha logrado seguirle el ritmo en esta carrera de testosterona ha sido Matteo Renzi, ex primer ministro y líder de Italia Viva, al que algunos en Roma han señalado, con cierta malicia, como una suerte de aliado indirecto para debilitar a Meloni. Este verano ambos han convertido sus pullas políticas en un desafío deportivo: Renzi propuso una maratón y Vannacci añadió la natación. La apuesta terminó convertida en tres millas náuticas a nado y una maratón completa, previstas para octubre en Cerdeña.Pero mientras corría, nadaba y pedaleaba delante de las cámaras, Vannacci intentaba también dar algo más de solidez a su proyecto de cara a las elecciones. Futuro Nazionale nombró dirigentes territoriales, comenzó a echar raíces y publicó las dos primeras partes de una extensa “Base Ideológica y Programática”. Un centenar de páginas que el propio partido presenta como un documento todavía abierto y modificable, y que por ahora representa solo dos tercios de su propuesta. Allí se mezclan ideas habituales de la derecha radical europea —la “remigración”, la defensa de la “familia natural”, mayores restricciones al aborto— con propuestas más extravagantes, como permitir que los padres voten también en nombre de sus hijos menores, y posiciones que chocan directamente con las del Gobierno Meloni, sobre todo en política exterior: rechazo del aumento del gasto militar, críticas al apoyo prolongado a Ucrania y recuperación de las relaciones económicas y energéticas con Rusia.El programa se permite incluso comenzar recurriendo a uno de los grandes intelectuales de izquierdas del siglo XX italiano: “Ha llegado el momento de despertar esa 'Derecha divina que está dentro de nosotros, dormida' de la que hablaba Pier Paolo Pasolini”. Después anuncia el nacimiento de una “Derecha identitaria, pura y vital” que quiere devolver Italia a sus raices. ¿Es todo esto compatible con Meloni? La primera ministra quiere seguir siendo ella misma y mantenerse firme, como aconsejó a Badenoch. Pero los músculos electorales del general pueden acabar siendo decisivos.