Mientras los comicios previstos para 2027 se acercan y el ambiente de precampaña se hace patente en Italia, la ultraderechista Giorgia Meloni acelera estos días el proceso para aprobar una nueva ley electoral que muchos opositores y analistas ven diseñada para favorecer su continuidad en el poder. Algunos críticos también la perciben como un paso que pondría en peligro los equilibrios de la democracia parlamentaria surgida tras el fin del fascismo, así como una vía para afianzar una mayoría con la que asegurar la futura elección de un presidente derechista.
El plan —bautizado popularmente como Melonellum— prevé que la coalición de partidos que supere el 42% de votos obtenga un premio en forma de escaños extra. Esto supondría una bonificación de 70 parlamentarios en la Cámara de Diputados y 35 en el Senado, lo que daría a la lista más votada una mayoría holgada para gobernar sin grandes tropiezos. Todo ello cambiaría la correlación de fuerzas del sistema bicameral del país, compuesto por 400 miembros en la Cámara Baja y 200 en la Cámara Alta. También dejaría atrás la actual ley electoral, llamada Rosatellum y aprobada en 2017, con un modelo más orientado a reforzar el bipartidismo.















