OpiniónEn el discurso de posesión el Presidente recreó la figura del regenerador Rafael Núñez, el político más influyente en la segunda mitad del siglo XIX.ABOGADO Y COLUMNISTA11.08.2026 22:01 Actualizado: 11.08.2026 22:01 Con las referencias en estos días a la descentralización, la regionalización y la decisión del presidente De La Espriella de despachar desde Barranquilla se ha vuelto a hablar del Caribe, no solo como polo de desarrollo económico y social, sino sobre su papel en la historia política del país.En el discurso de posesión el Presidente recreó la figura del regenerador Rafael Núñez y actualizó su supuesto dilema de “regeneración o catástrofe”. Por cierto, el exministro Carlos Rodado acaba de presentar en el Gimnasio Moderno su libro Nuestra historia contada a partir del Caribe colombiano. Allí vuelve a hablar de Núñez, por lo que puede mirarse como una prolongación del erudito texto de Germán Arciniegas, político liberal, Biografía del Caribe, publicado en 1945.Núñez, como lo señalan sus biógrafos y principalmente Indalecio Liévano Aguirre, fue tal vez el político más influyente en la segunda mitad del siglo XIX con una personalidad que todavía sigue siendo objeto de estudio.Inicialmente fue un liberal radical, alejado de la religión aun cuando se casó por lo católico con la dama panameña Dolores Gallego. Como secretario de Mosquera, participó en una especie de expropiación de los bienes de la Iglesia. En su juventud perteneció al liberalismo radical, que le entregó al país la Constitución de Rionegro de 1863, con su régimen de libertades; la separación real de Iglesia y Estado que, a pesar de lo que se dice, no figura en la Constitución del 91, como lo expuso Hernando Gómez Buendía en su columna de El Espectador.Fue un político visionario. En la Constituyente de Rionegro, propuso que la capital del país fuese Panamá. Lástima que no le hicieron caso.Su vida tuvo un cambio después de su retiro por diez años en Europa. De alguna manera renegó del radicalismo liberal, escribió sesudos análisis que condensó en el texto La reforma política y volvió con la idea de reemplazar lo que significaba el régimen radical. Luego se alió con una parte del conservatismo para fundar el “Partido Nacional”, de corta duración. Fue cuatro veces presidente, aun cuando en varias ocasiones se hacía elegir para irse luego a su casa de El Cabrero, en Cartagena, a meditar, encargando al vicepresidente don Miguel Antonio Caro, filósofo y filólogo, quien, a diferencia del titular caribeño, se preciaba de nunca haber salido de la sabana de Bogotá. Los dos son considerados padres de la Constitución del 86 con su fórmula de centralización política y descentralización administrativa.Parte de su transformación tuvo que ver no solo con su aproximación a la Iglesia católica, sino con su desordenada vida privada. Tenía fama de seductor. Aún casado con doña Dolores, tuvo tormentosos amores con doña Gregoria de Haro, dama que había estado casada con un extranjero al que dejó por Núñez. Las costumbres conservadoras le criticaban ese comportamiento. El ‘Alacrán’ Posada, que lo fustigaba, publicó un divertido verso combinando el nombre de la amante del futuro regenerador: “No es doña Gregoria Haro la que le cuesta tan caro al Tesoro Nacional, es el aro de Gregoria, ciudadano general”. Después, se “ajuició” con la esclarecida dama cartagenera Soledad Román, a quien la pacata sociedad bogotana no aceptaba como primera dama por cuanto Núñez, el bígamo, como lo llamaban, aún estaba casado por lo católico. Por amor, hizo todo para que la aceptaran y lo logró cuando el nuncio apostólico de la época entró a una recepción del brazo de doña Soledad. Como contraprestación, firmó el Concordato con la Santa Sede que hizo de la Iglesia católica la religión oficial.Fue un político visionario. Como lo recuerda Óscar Alarcón en su libro Panamá, capital de Colombia, en la Constituyente de Rionegro, propuso que la capital del país fuese Panamá. Lástima que no le hicieron caso.La frase “regeneración fundamental o catástrofe” la pronunció en 1878 como presidente del Senado al posesionar a Julián Trujillo como presidente. Para él, la catástrofe era el régimen radical, y la regeneración fue el régimen que vino después con la hegemonía conservadora hasta 1930. La descentralización que desde entonces a hoy no se ha cumplido fue la respuesta al régimen federal, máxima expresión del reconocimiento a las regiones, como lo sostenía el presidente López.Solo ahora, con el presidente De La Espriella, vuelve el Caribe a la presidencia. Pudo ser en 1970, cuando Evaristo Sourdis —de Sabanalarga— “ganó” la convención conservadora, cuyo resultado desconoció el presidente Ospina y el elegido fue Misael Pastrana. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. 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¿Regeneración o catástrofe?
En el discurso de posesión el Presidente recreó la figura del regenerador Rafael Núñez, el político más influyente en la segunda mitad del siglo XIX.













