OpiniónLa verdadera descentralización ocurre cuando se transfieren responsabilidades, capacidad institucional y financiación.Abelardo De La Espriella. Foto: Alcaldía de Montería26.07.2026 22:25 Actualizado: 26.07.2026 22:25
No han pasado desapercibidos en los círculos políticos y empresariales de Bogotá los anuncios del presidente electo, Abelardo De La Espriella, sobre la creación de sedes alternas para el despacho presidencial y el eventual traslado de algunas entidades nacionales. LEA TAMBIÉN Entre las propuestas conocidas están llevar la sede principal de ProColombia a Medellín e instalar allí el llamado Escudo de las Américas. En Barranquilla fue más lejos al plantear un acto legislativo que la reconozca como capital alterna de Colombia.Más que simples decisiones administrativas, estos anuncios sugieren una nueva geografía del poder presidencial. También reflejan una inconformidad histórica de las regiones frente a un Estado que sigue tomando buena parte de sus decisiones desde Bogotá y que obliga a gobernadores y alcaldes locales a desplazarse hasta la capital para presentar proyectos, buscar recursos o conseguir una reunión con algún alto funcionario.Abelardo de La Espriella en Barranquilla Foto:Archivo EL TIEMPOLa intención de acercar el Gobierno a los territorios es válida. Sin embargo, esa distancia no se resuelve únicamente trasladando el despacho presidencial algunos días a Medellín, Cali o Barranquilla. La presencia física del presidente puede tener valor político y simbólico, pero no equivale por sí sola a una redistribución real del poder.La verdadera descentralización ocurre cuando se transfieren responsabilidades, capacidad institucional y financiación. Exige fortalecer los equipos técnicos de las regiones y mejorar la coordinación entre los distintos niveles de gobierno. Sin esos elementos, las nuevas sedes corren el riesgo de convertirse en una descentralización escenográfica, muy útil para las fotografías y los anuncios, pero con escaso impacto sobre el funcionamiento cotidiano del Estado.Abelardo De La Espriella en empalme en Medellín Foto:Jaiver NietoEl eventual traslado de ProColombia a Medellín será una primera prueba. La decisión podría aprovechar el dinamismo empresarial de la ciudad y acercar la entidad a un ecosistema exportador consolidado. No obstante, esto tiene unos costos administrativos y logísticos, asociados a la coordinación con el Ministerio de Comercio y con las demás entidades del orden nacional.Barranquilla plantea una discusión más profunda. Bogotá es, por mandato constitucional, la capital de la República. Reconocer formalmente a otra ciudad como capital alterna requeriría una reforma y obligaría a definir el significado concreto de esa nueva categoría. Barranquilla. Colombia. Foto:Getty ImagesNo basta con incorporar una expresión en la Constitución. Habría que establecer qué instituciones funcionarían allí, qué decisiones se adoptarían desde la ciudad y cómo se distribuirían las responsabilidades con Bogotá.De lo contrario, la capitalidad alterna tendría una enorme carga simbólica, pero pocas consecuencias administrativas. Podría convertirse en una distinción honorífica sin efectos reales sobre la autonomía regional ni sobre la distribución de los recursos públicos.Tampoco desaparecerá fácilmente la lógica institucional de Bogotá. Las embajadas, los ministerios, los organismos de control, el Congreso y las altas cortes no se trasladarán automáticamente porque el presidente abra nuevos despachos. LEA TAMBIÉN Mientras esas instituciones permanezcan en la capital, Bogotá seguirá siendo el principal centro de coordinación política y administrativa del país.Dispersar algunas funciones sin una planeación adecuada podría incluso generar nuevos problemas. Los desplazamientos permanentes de funcionarios aumentarían los costos de seguridad y operación. La coordinación entre entidades podría hacerse más lenta y algunos servidores públicos se verían obligados a cambiar su lugar de residencia o a viajar constantemente entre ciudades.Presidente electo, Abelardo de La Espriella, asistió al desfile militar del 20 de Julio en Medellín. Foto:Jaiver Nieto ÁLvarez. EL TIEMPOExiste además otro riesgo. Colombia podría pasar del centralismo bogotano al centralismo de las grandes áreas metropolitanas. Medellín, Cali y Barranquilla cuentan con capacidades económicas e institucionales que no poseen muchas ciudades intermedias. Si la nueva geografía del poder beneficia únicamente a estos grandes centros urbanos, los municipios más apartados seguirán observando las decisiones nacionales desde la distancia.La propuesta merece ser explorada, pero con criterios técnicos y de equidad territorial. Medellín podría fortalecer la agenda de promoción económica e internacionalización. Cali podría convertirse en un centro de coordinación para el Pacífico. Barranquilla podría asumir un papel más relevante en la agenda del Caribe. Cercanía entre el Atlántico y el gobierno entrante alimenta expectativas de proyectos en el Caribe. Foto:CortesíaSin embargo, cada decisión debería responder a una necesidad concreta y no solamente a un gesto político.Colombia necesita superar el centralismo, pero no desarmar la capacidad de coordinación del Estado. El verdadero cambio no se medirá por el número de sedes inauguradas, sino por la cantidad de decisiones que puedan tomarse desde las regiones. Solo entonces la nueva geografía del poder dejará de ser un mapa de oficinas presidenciales y se convertirá en una transformación real del Estado.OMAR ORÓSTEGUIDirector del GovLab de la Universidad de La Sabana Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.














