OpiniónQue gobernar desde cualquier rincón se traduzca en una verdadera autonomía para las regiones, sin concentración de recursos y con autonomía fiscal.Abelardo de La Espriella en Barranquilla Foto: Archivo EL TIEMPOEDITOR GENERAL25.07.2026 22:01 Actualizado: 25.07.2026 22:01

Con mucho entusiasmo y en distintos escenarios, el presidente electo, Abelardo De La Espriella, ha anunciado que Barranquilla será la sede alterna de su gobierno. Que desde allí despachará buena parte del tiempo. Y parte importante de su equipo lo acompañará desde ese escenario, esto es, asesores, ministros, directores y demás. A ello se suma que buena parte de ese equipo y ese gabinete son oriundos del Caribe, razón de más para que haya una justificada empatía con el anuncio. LEA TAMBIÉN Pero esta semana fue más allá. Dijo que propondrá un proyecto de reforma para que Barranquilla sea declarada capital alterna de Colombia, honor que compartirá con nuestra amada Bogotá. El trámite es engorroso, hay que modificar la carta política y eso tomaría un par de años, mínimo.Como quiera que sea, se trata de un hecho histórico y simbólico. Barranquilla tiene argumentos suficientes para ser la sucursal del poder. El cambio extremo que ha sufrido en las últimas décadas la ha llevado a obtener merecidos reconocimientos en el ámbito tanto nacional como internacional. Barranquilla tiene argumentos para ser la sucursal del poder. Foto:AlcaldíaEn infraestructura, servicios, inversión social, asentamiento de nuevas empresas, turismo y demás, la Barranquilla de hoy es muy distinta a la que dejó el polémico cura Hoyos. Y a eso se suma esa alegría de la gente barranquillera, que se contagia. Bien por la ciudad y bien por ese nuevo aire que le entra al sombrío arte de gobernar una nación.¿Y qué pasa con Bogotá? ¿Quedamos huérfanos de albergar acá el poder? ¿Ya no veremos las caravanas de los altos funcionarios? ¿Toda la atención se la llevarán otras ciudades? Pues sí y no. Casa de Nariño, en Bogotá. Foto:PresidenciaBogotá sigue siendo la ciudad más importante de Colombia. Acá siguen teniendo asiento los tres poderes principales, incluyendo el Legislativo y el Judicial. Acá está la plaza principal de las empresas más importantes del país.La capital, por su peso específico, es reconocida globalmente por el impacto que genera para el desarrollo de Colombia. Acá se concentran el empleo y la inversión que no se genera en otra región. Y ha sido la ciudad de decenas de generaciones venidas de otros confines a probar suerte, y la han hallado.Por eso no entiendo la actitud de algunos ‘cachacos’ rancios que se alegran de que Bogotá ya no sea el único epicentro del Poder Ejecutivo. Lo ven casi que como una derrota para la ciudad. Y usan argumentos pueriles para ello: que es una ciudad fría, solemne, parroquial, aburrida. Plaza de Bolívar en Bogotá. Foto:César Melgarejo / EL TIEMPOPeor aún: que bien hecho que por fin se acabe tanto centralismo, como si Bogotá fuera centralista. “Es que todas las decisiones se toman desde Bogotá”. ¿De verdad creen que eso es el centralismo? ¿Una ubicación geográfica?Quienes recorremos este país cada año con gobernadores y alcaldes entendemos que el centralismo es concentrar el manejo de los recursos y la toma de decisiones desde el Ejecutivo; que sean los ministerios, institutos, oficinas burocráticas las que decidan qué se hace en el pueblo más perdido de un departamento. Pero es que esas decisiones también se pueden tomar desde Barranquilla. Entonces, ¿vamos ahora a decir que Barranquilla es centralista, burócrata, concentradora de recursos y generadora de desigualdad solo porque desde allí despacha el Presidente? ¡Si hasta Bogotá reclama hoy mayor descentralización! LEA TAMBIÉN Más que ser la sede de un poder, Bogotá es un poder en sí misma, por su tamaño, porque representa la cuarta parte del PIB, porque es cosmopolita, referente cultural y decisiva en materia política. Su poder la lleva a ostentar el rótulo de ser el segundo cargo más importante de la nación.En lugar de andar despachando frases altisonantes contra Bogotá porque verá limitado su protagonismo, hay que agradecerle que sea lo que es. Y que lo siga siendo. Y bienvenido el nuevo simbolismo de una Colombia que se pueda gobernar desde cualquier rincón. Bogotá es un poder en sí misma. Foto:Instituto Distrital de TurismoPero que eso se traduzca en una verdadera autonomía para las regiones, sin concentración de recursos, con autonomía fiscal, con igualdad en términos de desarrollo. Eso fue lo que se le reclamó al gobierno que termina sin éxito. Al contrario: nunca antes se había visto más centralización que con el gobierno que se va.Insisto: más que una sede presidencial, lo que importa es que exista una mayor y mejor presencia institucional.ERNESTO CORTÉS FIERROEditor General de EL TIEMPOEn X: @ernestocortes28erncor@eltiempo.com Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.