Luca Hoek traspasó una frontera que parecía prohibida para España. Tranquilamente, de pie junto a David Popovici, el segundo nadador más rápido de la historia no le intimidó. Se ajustó las gafas negras como si ya viviera en la otra dimensión. Sin complejos, convencido de su naturaleza superdotada para fluir y armado de los cuádriceps y los glúteos que se fabricó con pesas en los últimos meses, registró el tiempo de reacción más corto de la prueba y en 58 centésimas de segundo se despegó del poyete antes de volar hacia el agua como un torpedo. Solo tiene 18 años. Pero 47,26 segundos después había transportado a la natación española, él solo, al primer mundo de la velocidad. Hoek se clasificó ayer para la final de los 100 metros libre del campeonato Europeo de Natación que se celebra en la piscina de Saint Denis, en la periferia de París. Su inscripción en la final, prevista para hoy a las 18.50 horas (Teledeporte), tiene carácter extraordinario. Solo José Antonio Chicoy en 1970 y Eduard Lorente en 2004 le preceden como finalistas del 100 libre de los Europeos. Una especialidad que parecía reservada a los gigantes eslavos, germanos, australianos, americanos o chinos, una distancia vedada a los biotipos españoles, se ha transformado en el ecosistema ideal para la expresión de Hoek. Venía de batir el récord de España en el Open de Mallorca, en junio. Había bajado de 48 segundos. Pero después de un año de progresión y tanteo, la exhibición de París le consagró como una referencia en el máximo nivel.“¡Pues nada! La verdad es que me he notado genial”, dijo, al salir del agua. “Iba viendo justo al lado al Popovici, y pensaba que iba más lento. La salida no me ha gustado mucho. ¡Pero me ha encantado nadar con Popovici!”.Popovici seguro que le vigila con mucha atención a partir de ahora. Porque lo que hizo Hoek con toda naturalidad está al alcance de muy pocos competidores. El manejo de los tiempos de cada fracción del primer y el segundo largo, la presencia de ánimo, la adaptación técnica de su brazada curva, como de hélice, y el deslizamiento equilibrado sobre la superficie a medida que aceleraba, le proporcionaron un dominio impresionante en un territorio que suele afectar a los jóvenes con nervios frágiles. Nadar corchera con corchera junto a Popovici no solo no alteró su rumbo. Le proporcionó un acicate. Hoek se pegó al rumano en el primer 50, le aguantó en el viraje con 15 metros de nado subacuático muy bien ejecutados, y luego hizo lo más difícil. Resistir los últimos 35 metros sin deformar su nado, sin dar la impresión de que el agotamiento le frenaba, fue todo un tour de force.Como si el ácido láctico no le atenazara, estiró el impulso hasta tocar la última pared y rompió ese límite que suele hundir a los sprinters puros cuando se pasan del 50 al 100. Hoek, que de juvenil se especializó en 50, ha debido ganar resistencia para sostener la velocidad en los últimos metros. El resultado ha sido notable. Si en el Open de Mallorca nadó el primer largo en 22,63 segundos y el segundo en 25,09, en París se reservó unas gotas de combustible. Hizo el primer 50 en 22,67s y regresó en 24,59s, apenas dos centésimas por detrás de Popovici, un verdadero mago de las finalizaciones. El zarpazo valió a Hoek la mejora de su marca de 47,72s a 47,26s. El tiempo equivale a un título. Le clasificó con la segunda mejor marca para la final, por detrás de Popovici (46,72s) y por delante de Egor Krnev (47,27s). Ahora el español ingresa en el club de los mejores de siempre.Nadar a crol 100 metros en menos de 47,26 segundos es algo que solo han conseguido 15 hombres a lo largo de la historia. La progresión del récord mundial de 47,60s a 47,20s solo se produjo en 2008 y con la mediación de los bañadores impermeables enterizos que facilitaban la flotación, hoy prohibidos. Únicamente el rumano Popovici, el plusmarquista mundial el chino Zhanle Pan, los estadounidenses Jack Alexy y Caeleb Dressel, y el ruso Egor Kornev, bajaron de 47 segundos sin bañadores de poliuretano.Melancolía de Hugo en la tormenta de KosLa segunda jornada del Europeo de Natación acabó con una exhibición de Luca Hoek pero empezó del modo más decepcionante para la natación española. Estella Llum Tonrath, que venía de conquistar dos títulos europeos júnior y de batir el récord de España en 2m 8,03s en junio, nadó la final de 200 metros espalda en 2m 9,05s. Un minuto más lenta que su mejor versión. Regreso al pasado. Quinto puesto en una de las pruebas de peor nivel de marcas de los campeonatos que se celebran en París. Una oportunidad perdida de fácil acceso a las medallas. Malos presagios en un escenario que no trae buenos recuerdos para la delegación española.Estella es una de las representantes de la nueva generación. Son los encargados de sacar a la natación española del desierto que se abrió con el declive de Mireia Belmonte tras los Juegos de Tokio de 2021 y su tétrica proyección en París 2024. Los españoles que acudieron a la cita de 2024 completaron la peor participación olímpica de la historia: solo dos finales, dos sextos puestos, y apenas una única marca personal mejorada (Carmen Weiler en 100 espalda). La experiencia sumó decepción a un lustro sombrío. Desde que Hugo González logró cuatro medallas en los Europeos de Budapest en 2021, los nadadores españoles no han rascado ni un metal. El triste recorrido del propio Hugo desde entonces refleja un estado de cosas. El mallorquín se clasificó séptimo para la final de 200 espalda. A tres segundos del magnífico Hubert Kos, que amenazó el récord de Peirsol con 1m 52,30s.
Luca Hoek transporta a España al primer mundo de la velocidad
El nadador de 18 años establece el récord nacional de 100 libre en 47,26 segundos y se clasifica para la final del Europeo después de retar a Popovici en un carrerón










