OPINIÓN
Paula López
El cambio de rumbo en Colombia no es solamente un fenómeno electoral o institucional. Puede ser también leído como un acto de resurrección existencial: un pueblo que, después de atravesar periodos de miedo, impotencia, frustración y vacío, comienza a recuperar la confianza en la democracia, la justicia, el orden y la espiritualidad.
Existe, en el corazón de muchos colombianos, una profunda búsqueda de sentido y de propósito común por encima del caos. Porque cuando una sociedad es capaz de recuperar su dimensión ética y espiritual, puede levantarse de sus heridas y transitar, con valor, del vacío hacia la esperanza. En ese proceso, el sufrimiento colectivo puede transformarse en resiliencia.
Estamos ante un despertar del espíritu colectivo de un pueblo que, aun agotado y golpeado por décadas de violencia, sigue levantándose para decirle sí a la vida, a pesar de todo.










