La elección de Abelardo De La Espriella y José Manuel Restrepo representa, para millones de colombianos, el regreso de la esperanza. Después de cuatro años de un gobierno que dejó profundas fracturas institucionales, económicas y de seguridad, el nuevo presidente no recibirá un país en condiciones normales. Hereda un Estado con desequilibrios fiscales históricos, un sistema de salud al borde del colapso, un deterioro sin precedentes del orden público y una crisis energética que exige decisiones inmediatas.El primer gran desafío será recuperar las finanzas públicas. El Gobierno saliente deja uno de los panoramas fiscales más complejos de las últimas décadas. El déficit fiscal pasó de 5,3 % del PIB en 2022 a niveles cercanos al 7 % del PIB, mientras el déficit primario alcanzó su mayor registro en treinta años, excluyendo circunstancias extraordinarias como la pandemia. La deuda pública también dejó una señal de alarma. Al cierre de 2025, la deuda bruta del Gobierno Nacional Central se ubicó en 64,4 % del PIB y la deuda neta en 58,5 %. En pesos, el saldo total rondaba los $1.192,6 billones, es decir, casi $1.200 billones. El problema no es solo el tamaño de la deuda, sino su costo y composición. El país terminó más dependiente del endeudamiento interno, especialmente de TES (Títulos de Tesorería), con una presión creciente sobre el servicio de la deuda y sobre la credibilidad fiscal. A ello se suma el incremento en los costos de financiación, con tasas de los TES que pasaron de niveles cercanos al 5 % a ubicarse entre el 13 % y el 14 %.La situación se agrava porque el Gobierno decidió activar la cláusula de escape de la regla fiscal, con lo que suspendió durante tres años el principal mecanismo de disciplina presupuestal del país. Según el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF), el próximo gobierno deberá realizar un ajuste cercano al 4 % del PIB, equivalente a más de $74 billones, para recuperar la sostenibilidad de las finanzas públicas. Será un esfuerzo sin precedentes que exigirá disciplina, austeridad y crecimiento económico.El segundo gran reto será reconstruir el sistema de salud. La deuda acumulada con hospitales y clínicas supera los $25 billones, mientras las EPS intervenidas concentran buena parte de esa cartera. Particularmente preocupante resulta el caso de Nueva EPS, que atiende a más de once millones de afiliados y lleva tres años sin publicar estados financieros, lo que impide conocer con certeza su verdadera situación patrimonial.La intervención estatal tampoco produjo los resultados prometidos. Cuando Nueva EPS fue intervenida en abril de 2024, acumulaba obligaciones cercanas a $5,7 billones; al finalizar 2025, las facturas pendientes ya superaban los $14 billones. Paralelamente, el déficit patrimonial del sistema alcanzó $15,8 billones, la insuficiencia de la UPC continúa creciendo y las tutelas por vulneración del derecho a la salud se duplicaron frente a 2022. A ello se suma un dato particularmente dramático: durante 2025 fallecieron más de 2.500 pacientes con enfermedades huérfanas debido a la falta de acceso oportuno a medicamentos.En materia de seguridad, el panorama tampoco admite eufemismos. Los homicidios aumentaron frente al cuatrienio anterior; el secuestro creció cerca del 147 %; la extorsión, alrededor del 50 %; cientos de integrantes de la Fuerza Pública fueron asesinados y las masacres volvieron a convertirse en una dolorosa realidad para numerosas regiones del país.La denominada “paz total” no produjo la pacificación prometida. Por el contrario, fortaleció la expansión territorial de las organizaciones criminales, que hoy tienen presencia en la mayoría de los municipios colombianos y continúan financiándose mediante el narcotráfico, la minería ilegal y otras economías ilícitas. A ello se suma un récord cercano a las 300.000 hectáreas sembradas con coca y el control criminal de buena parte de la extracción ilegal de oro.El cuarto gran desafío será garantizar la seguridad energética. Colombia necesita recuperar la confianza para invertir nuevamente en exploración y producción de hidrocarburos, acelerar la construcción de grandes proyectos de generación eléctrica, fortalecer las energías renovables y garantizar el abastecimiento de gas natural. Sin seguridad energética, no habrá crecimiento económico ni competitividad. Si las decisiones continúan aplazándose, el riesgo de racionamientos dejará de ser una advertencia para convertirse en una realidad.Reconstruir el país exigirá mucho más que un cambio de gobierno. Será indispensable restablecer la seguridad jurídica, recuperar la confianza de los inversionistas, fortalecer la Fuerza Pública, reactivar la economía y devolverle al Estado la capacidad de cumplir sus funciones esenciales. Instrumentos como las alianzas público-privadas, las concesiones de infraestructura y el desarrollo responsable del sector minero-energético serán determinantes para acelerar la recuperación.El presidente Abelardo De La Espriella no recibe un país en funcionamiento; recibe un país que necesita ser reconstruido. La magnitud de los problemas es enorme, pero también lo es la oportunidad histórica de corregir el rumbo. Los colombianos no eligieron simplemente un nuevo gobierno, eligieron la posibilidad de recuperar el Estado, restablecer el orden y volver a creer en el futuro.
Construyendo la Patria Milagro
La magnitud de los problemas es enorme, pero también lo es la oportunidad histórica de corregir el rumbo.












