El barrio de Olatz, en el interior de Mutriku (Gipuzkoa), esconde uno de los enclaves geológicos más singulares del País Vasco. Rodeado por montañas de perfiles casi piramidales y ocupado hoy por prados y caseríos, el valle llama la atención por un rasgo poco habitual: no tiene una salida superficial hacia el mar, pese a encontrarse muy cerca de la costa cantábrica. La explicación se encuentra bajo tierra. El agua ha modelado durante millones de años las calizas del macizo de Arno hasta originar un poljé, una gran depresión cerrada característica de los terrenos kársticos, donde buena parte de la circulación hídrica discurre por el subsuelo. Su valor geomorfológico e hidrogeológico ha motivado su inclusión en el Inventario de Lugares de Interés Geológico del País Vasco y forma parte del Geoparque Mundial de la UNESCO de la Costa Vasca.
Un valle excavado gota a gota
Aunque hoy presenta el aspecto de una amplia llanura dedicada principalmente a la actividad ganadera, el origen del paisaje se remonta a hace unos cinco millones de años. Fue entonces cuando las calizas, que hasta ese momento habían permanecido bajo el mar, quedaron expuestas a la acción del agua de lluvia. Al combinarse con el dióxido de carbono presente en la atmósfera y en el suelo, esa agua adquirió una ligera acidez capaz de disolver lentamente la roca. El proceso avanzó de forma casi imperceptible, pero constante. Primero aparecieron pequeñas depresiones circulares —las dolinas— que, con el paso del tiempo, crecieron y terminaron uniéndose entre sí hasta formar la gran depresión que caracteriza hoy al valle.








