El verano trae consigo vacaciones, viajes y más tiempo al aire libre, pero también supone un desafío añadido para las personas con diabetes. Las altas temperaturas pueden alterar la absorción de la insulina, aumentar el riesgo de deshidratación y favorecer tanto las hipoglucemias como las hiperglucemias.Además, factores como la exposición al sol, los cambios en las rutinas, la práctica de ejercicio o el cuidado de los pies adquieren una importancia especial durante estos meses. Así lo explica Yous Gougouh, enfermera responsable de la consulta de Diabetes y Medicina Interna del Hospital Universitario Quirónsalud Barcelona, quien insiste en que, antes de realizar cualquier viaje, es recomendable preparar con antelación todo el material necesario y llevar suficiente medicación para toda la estancia, además de una reserva adicional por si surgiera cualquier imprevisto.Para viajar seguro, la especialista recuerda que es necesario contar con:· Medicación e insulina suficientes.· Agujas, tiras reactivas, lancetas, sensores, cánulas, reservorios y cargadores.· Un glucómetro capilar, aunque se utilice un sistema de monitorización continua de glucosa.· Hidratos de carbono de absorción rápida.· Glucagón, cuando esté prescrito.· Material para la determinación de cetonas cuando sea necesario.· Informe médico y documentación sanitaria.· Identificación que indique que la persona tiene diabetes.Es muy recomendable que las personas que acompañan al paciente sepan reconocer una hipoglucemia y conozcan cómo actuar ante ella. Asimismo, si el viaje implica un cambio importante de horario, se debe planificar previamente la pauta de insulina junto con el equipo sanitario.El efecto de las altas temperaturas“Las altas temperaturas pueden aumentar la variabilidad de la glucosa. Algunas personas presentan un mayor riesgo de hipoglucemia, mientras que otras pueden experimentar hiperglucemia como consecuencia de la deshidratación, de la disminución de la actividad física o del deterioro de la insulina por una conservación inadecuada. Además, el calor produce una dilatación de los vasos sanguíneos, lo que favorece una absorción más rápida de la insulina administrada por vía subcutánea. Como consecuencia, puede aumentar el riesgo de hipoglucemia, especialmente cuando el calor se combina con actividad física o con una menor ingesta de alimentos”, advierte la experta del centro catalán, reconocido entre los “25 hospitales de referencia en España 2026” de Forbes.Yous Gougouh, enfermera responsable de la consulta de Diabetes y Medicina Interna del Hospital Universitario Quirónsalud Barcelona.QuirónsaludPor este motivo, durante los días de mayor calor, la especialista sugiere:· Monitorizar la glucosa con mayor frecuencia.· Revisar las flechas de tendencia del sistema de monitorización continua de glucosa.· Realizar controles antes, durante y después de la actividad física.· Llevar siempre hidratos de carbono de absorción rápida para tratar una posible hipoglucemia.· Evitar el ejercicio intenso durante las horas centrales del día.· Seguir el plan individual de ajuste del tratamiento acordado con el equipo sanitario.“Es importante recordar que no todas las hiperglucemias durante el verano se deben al calor. La deshidratación, los cambios en la alimentación, una menor actividad física o una insulina deteriorada también pueden elevar los niveles de glucosa”, advierte.Alimentación y actividad física: pautas de controlEn el caso concreto de la alimentación, Yous Gougouh ve aconsejable:· No omitir comidas si el tratamiento puede producir hipoglucemia.· Prever una pequeña ingesta si la comida va a retrasarse.· Ajustar la dosis de insulina a la cantidad real de hidratos de carbono ingeridos, siguiendo siempre la pauta individual.· Tener presente que los bufés y las comidas con alto contenido en grasa pueden favorecer hiperglucemias tardías.En cuanto a la actividad física, la responsable de la consulta subraya que esta suele aumentar en el periodo vacacional, incluso aunque no se practique deporte de forma programada: Caminar durante horas, nadar, bailar o realizar excursiones puede disminuir los niveles de glucosa tanto durante el ejercicio como varias horas después. Por ello, se recomienda siempre:· Monitorizar la glucosa antes de iniciar la actividad· Llevar siempre hidratos de carbono de absorción rápida.· Realizar controles durante actividades prolongadas.· Vigilar la aparición de hipoglucemias nocturnas tras jornadas especialmente activas.· Aplicar los ajustes del tratamiento previamente acordados con el equipo sanitario.· Evitar realizar ejercicio si existe una hiperglucemia importante acompañada de cetonas.· Alcohol e insulina: puntos claveOtro de los aspectos con los que se debe tener especial cuidado en verano es el consumo de alcohol ya que, tal y como explica la experta, “este puede dificultar el reconocimiento de los síntomas de hipoglucemia y favorecer su aparición varias horas después de su consumo”. De ahí que aconseje moderar su ingesta, controlar la glucosa antes de acostarse y evitar consumirlo con el estómago vacío.Asimismo, Yous Gougouh advierte de que el calor extremo puede restar eficacia a la insulina: “La insulina es un medicamento biológico especialmente sensible al calor y a la congelación. Por ello, una conservación adecuada resulta fundamental para mantener su eficacia. La insulina de reserva debe conservarse habitualmente en la nevera, entre 2 y 8 °C, evitando colocarla junto al congelador o en zonas donde exista riesgo de congelación. Una insulina que se haya congelado debe desecharse, aunque posteriormente recupere un aspecto aparentemente normal”.Evitar la exposición directa a la luz solarLa insulina es un medicamento muy sensible al calor y a la congelación y resulta fundamental su conservación adecuadaEs más, sostiene que la insulina debe protegerse de temperaturas superiores a 25-30 °C, de la exposición directa a la luz solar y de cualquier fuente intensa de calor, ya que estas condiciones pueden disminuir su eficacia y comprometer el control glucémico. “Es importante recordar que las condiciones de conservación pueden variar según el tipo de insulina. Por ello, siempre se recomienda consultar las indicaciones específicas del fabricante”, remarca.Si se viaja a la playa, por ejemplo, recomienda transportarla en una funda isotérmica específica para medicamentos o en una bolsa térmica, evitando siempre el contacto directo con el hielo para prevenir su congelación. “En los viajes en avión, la insulina y todo el material necesario para el tratamiento deben transportarse siempre en el equipaje de mano, junto con la documentación sanitaria correspondiente. No se recomienda facturarla, ya que en la bodega del avión puede quedar expuesta a temperaturas extremas y existe el riesgo de pérdida del equipaje”, avisa.Sensores de monitorización y bombas de insulinaPor otro lado, pide especial precaución con los sensores de monitorización continua de glucosa, los transmisores y las bombas de insulina, ya que presentan diferentes grados de resistencia al agua en función del fabricante y del modelo: “Antes del baño deben consultarse las especificaciones del fabricante para conocer la profundidad máxima permitida, el tiempo de inmersión y si es necesario desconectar la bomba”.Frente al calor y la exposición solar, es aconsejable evitar la exposición directa y prolongada al sol, además de proteger la bomba bajo una prenda ligera o en una funda adecuada. La especialista de Quirónsalud Barcelona recuerda igualmente que no se debe dejar el dispositivo dentro del coche, y que la insulina contenida en el reservorio y en el sistema de infusión también puede deteriorarse por el calor.El cuidado diario de los pies en veranoPara las personas con diabetes, en verano es fundamental un cuidado diario de los pies, ya que el calor, el aumento de la sudoración y el uso de calzado más abierto favorecen la aparición de grietas, ampollas, maceración e infecciones.Evitar remojos muy prolongadosLa rutina diaria debería incluir limpieza de los pies con agua templada y jabón suave“Por este motivo, la rutina diaria debería incluir una limpieza con agua templada y jabón suave; evitar el agua muy caliente y los remojos prolongados, ya que favorecen la maceración de la piel; secar cuidadosamente los pies, especialmente entre los dedos; cambiar los calcetines cuando estén húmedos por el sudor; y aplicar crema hidratante, pero evitando hacerlo entre los dedos, ya que el exceso de humedad favorece la aparición de infecciones por hongos”, resalta Yous Gougouh. Asimismo, insiste en que, ante cualquier lesión -especialmente si existe pérdida de sensibilidad, enfermedad vascular o antecedentes de pie diabético-, se debe solicitar la valoración de un profesional sanitario lo antes posible.