Cada verano, lo mismo: alertas de calor con sus consiguientes recomendaciones, y aun así todos los años hay niños que sufren las consecuencias de las altas temperaturas, además de otros riesgos propios de la temporada estival como quemaduras por sobreexposición al sol, picaduras o intoxicaciones alimentarias, entre otros. Por ello, la prevención es vital.Tal y como explica la doctora Laura Castells, jefa de Pediatría del Hospital Vithas Barcelona, el verano concentra varios riesgos frecuentes en la infancia relacionados sobre todo con el calor y la exposición solar, siendo los golpes de calor, la deshidratación y las quemaduras solares de los más frecuentes y preocupantes, ya que los menores, según informa, son especialmente vulnerables por su menor capacidad de termorregulación y mayor dependencia del adulto: “Por eso, es importante que las familias conozcan los signos de alarma y, sobre todo, las medidas de prevención, ya que la mayoría de estos problemas pueden evitarse con hábitos sencillos”. Riesgos por calor y exposición al solEl golpe de calor es uno de los peligros más preocupantes; una emergencia médica que ocurre cuando el organismo se sobrecalienta y ya no es capaz de regular adecuadamente su temperatura. “La temperatura corporal suele superar los 40ºC y pueden aparecer síntomas neurológicos”, explica Castells. Según indica la pediatra, ante la sospecha de un golpe de calor hay que llamar al 112 e iniciar medidas de enfriamiento cuanto antes: “Trasladar al niño a un lugar fresco y sombreado, retirar la ropa innecesaria y aplicar agua fresca o compresas húmedas”, aconseja. Si el menor está consciente, se le puede ofrecer agua o lactancia materna.Para prevenirlo, recomienda evitar la exposición al sol y al calor intenso, especialmente entre las 12.00 y las 17.00, ofrecer líquidos con frecuencia sin esperar a que los niños los pidan, utilizar ropa ligera y transpirable y no cubrir cochecitos o capazos con telas que dificulten la ventilación. También añade un importante recordatorio: “Nunca debe dejarse a un niño solo dentro de un vehículo, ni siquiera durante unos minutos”.La deshidratación es otro de los problemas más frecuentes en esta época. “Los primeros signos son sed, boca seca y una orina más escasa o más oscura. Si empeora, pueden aparecer llanto sin lágrimas, ojos hundidos, fontanela hundida en los lactantes, irritabilidad, decaimiento o somnolencia”, describe Castells. Ante estos signos, especialmente si el niño rechaza los líquidos, es recomendable consultar con un profesional sanitario. Para prevenir la deshidratación conviene ofrecer agua con frecuencia sin esperar a que la pidan, priorizar frutas ricas en agua y aumentar las tomas de lactancia materna en los lactantes. “Si hay vómitos o diarrea, la mejor opción es el suero de rehidratación oral y no se recomiendan las bebidas deportivas ni los zumos”, advierte.Las quemaduras solares son otro de los peligros que se deben tener más presentes y que son fácilmente evitables. “Entre el 50% y el 80% del daño solar acumulado a lo largo de la vida ocurre durante la infancia y la adolescencia, por lo que la protección solar en estas etapas es fundamental”, avisa. Para Castells, la mejor prevención es evitar la exposición directa al sol, especialmente en las horas centrales del día: “Los menores de seis meses no deben exponerse al sol directo; en ellos se recomienda permanecer a la sombra y utilizar gorro y ropa que cubra la piel”.Uno de los aspectos más importantes es elegir bien la crema solar protectora y aplicarla correctamente: “A partir de los seis meses, debe utilizarse un fotoprotector de amplio espectro (UVA y UVB) con SPF50 o superior. En menores de tres años se prefieren filtros físicos o minerales. Debe aplicarse unos 30 minutos antes de la exposición y renovarse cada dos horas, así como después del baño o la sudoración. También debe utilizarse en días nublados y bajo la sombrilla”.Las intoxicaciones alimentariasJulio José Llerena, coordinador médico de Urgencias del Hospital Vithas Valencia Turia, recomienda tener presente que las intoxicaciones alimentarias en niños se multiplican en los meses de verano porque se come más veces fuera de casa y las altas temperaturas crean el ambiente propicio para que se desarrollen los microorganismos que las provocan. Según explica, suelen provocar gastroenteritis, cuyos síntomas incluyen diarrea, vómitos, fiebre, dolor abdominal, náuseas, debilidad y malestar general. “En algunas ocasiones pueden ser graves, como en casos de deshidratación severa, por eso, ante estos episodios es fundamental mantener una hidratación óptima con sueros orales, dieta liviana, hacer reposo y administrar antitérmicos si es necesario”. “Si los síntomas persisten en el tiempo o aparecen signos de deshidratación o intolerancia oral, se debe acudir al pediatra”, agrega. Para prevenir estas intoxicaciones, el experto ofrece medidas sencillas como mantener una adecuada higiene, conservar la cadena de frío de los alimentos y verificar que los lugares donde los adquirimos o consumimos sean confiables. Cuidado con las picadurasLas picaduras también son motivo de muchas consultas médicas durante las vacaciones. “Debe buscarse atención médica urgente si aparece urticaria generalizada, dificultad para respirar o tragar, mareo o pérdida de conciencia, ya que pueden ser signos de una reacción alérgica grave”, aconseja Castells. Además, señala como primera medida que “el tratamiento consiste en lavar la zona con agua y jabón, aplicar frío local con un paño o compresa fría y evitar rascarse”.Para prevenir las picaduras, la pediatra recomienda “el uso de repelentes de farmacia con principios activos de eficacia demostrada como DEET, picaridina o IR3535, siempre adecuados a la edad del niño y siguiendo las indicaciones del fabricante”. También es conveniente añadir medidas físicas, como mosquiteras en ventanas y cochecitos, ropa clara que cubra la piel, evitar perfumes intensos y reducir la exposición en zonas con agua estancada al atardecer. “Las pulseras repelentes y los dispositivos de ultrasonidos no han demostrado ser suficientes como medida de protección”, sostiene Castells.AhogamientosLos ahogamientos son otro de los grandes riesgos del verano. Según el Informe Nacional de Ahogamientos (INA) de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS), 47 menores de 18 años fallecieron por esta causa en España en 2025. Tal y como aconseja Llerena, es importante mantener las piscinas cercadas si hay niños pequeños y nunca dejarlos solos cerca de lugares con agua, aunque la cantidad parezca mínima. “Hay que tener en cuenta que los niños pequeños son especialmente vulnerables y se pueden ahogar en menos de seis centímetros de profundidad del agua”, explica.Caídas y golpesLas caídas y golpes también son frecuentes en verano. Para prevenirlos, lo primordial es adoptar medidas de protección como cascos, chalecos salvavidas y otros elementos de seguridad. “Los golpes más frecuentes se producen por resbalones en piscinas, caídas en parques —columpios o toboganes—, castillos inflables o durante la práctica deportiva”, explica el coordinador médico de Urgencias. Siempre se debe acudir a urgencias en caso de traumatismo craneoencefálico si el golpe en la cabeza va acompañado de pérdida de conocimiento, vómitos, comportamientos extraños o caída de gran altura (desde dos metros o más). También hay que acudir en el caso de golpes en extremidades con deformidad evidente, sangrado que no se detiene u objetos incrustados (en este último caso, no intentar retirarlos; se debe inmovilizar el miembro afectado y aplicar frío local).
Calor, sol o picaduras en niños: cómo prevenir los riesgos más frecuentes durante el verano
La pediatra Laura Castells y el médico de Urgencias Julio José Llerena ofrecen hábitos sencillos que pueden evitar sustos y ayudar a que pequeños y mayores disfruten de unas vacaciones sin sobresaltos













